Discriminadores, corruptores, manoseadores y seductores…. ¿Educación os acoge?

Nelson Peñaherrera
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ERP/Nelson Peñaherrera Castillo. En el aula de la escuela primaria, el profesor está molesto porque la alumna no le da la respuesta correcta; toma un lápiz amarillo N° 2 y le señala la marca: “¡Eso eres tú!”, le recrimina. ¿Eberhard Faber, Nelson? No. Mongol. ¿Qué cosa? ¿De dónde es ese docente? De acá nomás, de Sullana. ¡No puede ser! Sí, lo es, y como castigo lo reasignan a la biblioteca del plantel.

La Unidad de Gestión Educativa Local de Sullana (UGEL), con el director a la cabeza. está repasando los diplomas de reconocimiento por el Día del Maestro y la Maestra. De pronto, una de las especialistas nota un nombre. Hace memoria. ¡Una luz de alarma se le enciende! Separa al docente de unos 50 años del resto de cartones.

¿Qué había pasado? Días antes, los padres y las madres de familia en Cieneguillo lo habían denunciado por presuntamente mostrar videos y fotografías pornográficas heterosexuales a sus alumnas de primaria, a las que también habría manoseado incluso frente a sus hermanitos.

¿Dónde está ese docente? Se esfumó, mismo genio de cuento infantil, para después reaparecer ordenando papeles en la UGEL, donde estaría compartiendo espacio y tiempo con otro colega acusado exactamente de lo mismo, separado de la dirección de otro colegio primario en Lancones, con quien también compartiría una rara teoría de educación sexual: mostrar pornografía a un o una menor de edad “para que aprenda”.

¿Algo más? Bueno, una turba linchó a un profesor de Educación Física por presuntamente iniciar una relación sentimental con una estudiante de secundaria en un colegio privado de Sullana, y no olvidemos un caso judicializado por otro similar entre profesor y alumno que fue desestimado porque las pruebas no fueron suficientes, también aquí, en Sullana.

Haciendo a un lado por un momento si cada docente acusado es inocente o culpable, potestad que corresponde a un juzgado en todo caso (también al margen de si quiere hacer o no justicia), el solo hecho que estemos cubriendo este tipo de historias donde los protagonistas son las personas en quienes delegamos la instrucción de niños, niñas y adolescentes, que deben hacerse responsables porque existan entornos seguros para el aprendizaje y el desarrollo personal en todas sus dimensiones, que nos tienen que entregar tras once años (si todo sale bien), personas listas para entornos competitivos y solidarios, están generando otro escenario de inseguridad ciudadana, quizás peor que un robo, y con doble efecto: el de la acción inflingida y el de las consecuencias para toda la vida.

Lo más perturbador es que las propias normas de Educación favorecen que el perpetrador o la perpetradora se reincube en las oficinas de la UGEL, acción que para ser bien justo no es exclusiva de ella, pues cuando un o una policía no hace bien su trabajo, también se le refugia como personal administrativo dentro de una comisaría. Sigamos.

Una noticia que pasó desapercibida la semana anterior es que la Dirección Regional de Educación (DREP) tiene una iniciativa para que cada docente a quien se le compruebe cualquiera de estos ilícitos se le retire de la función magisterial sin opción a reincorporación ni beneficios, medida que por ahora no es posible muy a pesar de la actitud favorable de Pedro Periche. Porque, en serio, quiero creer que con todo su ‘background’ que incluye haber sido adoctrinado en las canteras ‘cutivalescas’, debe tener toda la mejor disponibilidad para poner un alto a esta vergonzosa situación.

Todo esto no excluye las acciones penales correspondientes: el profe del lápiz Mongol puede ganarse una inhabilitación en la función pública si se comprueba el acto discriminatorio, los dos pornófilos (cosa que, en todo caso, la compartes, no la impones, a otro u otra mayor de edad) y manoseadores pueden recibir condenas por delitos contra la libertad sexual; en los últimos dos casos, la idea es manejar el proceso en una sala para determinar qué pasó, aunque el solo hecho de que un mayor de edad establezca vínculos sentimentales con un o una menor de edad bajo una relación de autoridad, ya implica una respuesta ante la ley (como sí pasó en uno de los casos), por la que tiene que ser penalizado debido a la impropiedad en la que cayó… o en la que parece que volverá a caer.

Por cierto, no sería mala idea que Educación investigue qué compele a un o una docente a ver a sus alumnos o alumnas como objeto romántico-erótico (y por extensión a todo y toda menor de 18, o que sea la mitad de joven), y que parece ser el patrón de todos los casos arriba expuestos. Le soplo una pista: el o la potencial agresor o agresora niega directamente o con frases tipo Dalai Lama cuando se le confronta directa o indirectamente, o suele proyectar sus pasiones similares o diferentes en lo que ve como defectos en el resto asumiéndose como una especie de ‘policía de la moral’.

También, por qué el resto de colegas guarda silencio o hasta alienta este tipo de conductas.

Claro está, esto reaviva la necesidad de que los filtros en Educación para seleccionar docentes se hagan más rigurosos, mucho más, así la SUTEP se ponga a dar pasos de ‘breakdancer’, no solo a nivel intelectual sino a nivel personal. No es posible que un profe que sea una eminencia en Química y Biología, por ejemplo, promueva la homofobia y la doble moral entre sus estudiantes, como pasó cuando yo lo fui. Al margen de las convicciones del docente o la docente, la idea no es que tu modelo de segregación sea él o ella, sino todo lo opuesto.

Y afuera de Educación también hay serios problemas. No es posible que en una actividad artística convocada por la Municipalidad de Salitral, Morropón, no tengan mayor falta de criterio que poner a niñas de primaria a bailar el Totó como homenaje a la patria. Hay que estar mal de la cabeza para montar semejante show. Y hay que estar pésimo o pésima para no sancionarlo ejemplarmente: no puede ser que una entidad pagada con tu dinero y el mío te enseñe que el cuerpo se debe hipersexualizar (como lo contó quien lo vio) para generar… ¿qué diablos?

Asimismo, esto significa que los operadores de justicia hagan justicia, y no lleguen a los humillantes niveles de señalamiento público como el previsto para el 13 de agosto. Digo, ¿su sentido común no les abochorna un poquito ante la exposición internacional de ser un espacio donde la impunidad sobre violencia basada en género es la que en realidad se convierte en jurisprudencia?

Y a nivel de hogares, no solo necesitamos padres, madres, apoderados y apoderadas más alertas, sino más mentalmente sanos y sanas, porque de nada servirá gritar y señalar el peligro en escuelas y juzgados si es que no somos capaces de barrer la sexualidad represiva y enfermiza de nuestras salas, cuartos, patios y baños, para aprender en conjunto la maravilla de la sexualidad que nos integra mejor con nuestros cuerpos, nuestras mentes, nuestras familias, nuestras amistades y nuestra comunidad en general.

En resumen, no creo que la buena educación es la que llama pecado a todo, sino la que te enseña a desprejuiciarte para gozar las infinitas ventajas de actuar correctamente. Radical cambio de perspectiva, ¿no?

(Opina al autor. Síguelo en Twitter como @nelsonsullana)

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