Exclusiva de Nelson Peñaherrera Castillo (@nelsonsullana) para El Regional de Piura. Lo que un estudiante nacido en Lima pero criado en Piura advirtió en 2013 sobre la adicción a Facebook es hoy el mismo motivo por el que Meta, la empresa matriz de esa red social, enfrenta sanciones millonarias en Estados Unidos.
En la ciudad de Piura, hace 13 años, un joven estudiante de Psicología de la Universidad César Vallejo (UCV), Luis Bryan Luzuriaga Solórzano, presentó una tesis que hoy resulta sorprendentemente vigente: “Efectos de un Programa Cognitivo Conductual para Mejorar el Autocontrol a la Predisposición de Adicción a Facebook en Estudiantes de una Institución Educativa de la Ciudad de Piura”.
Su investigación, aplicada a un grupo de 16 adolescentes de secundaria, demostró que un programa cognitivo-conductual podía reducir significativamente la compulsión por conectarse a Facebook, fortaleciendo el autocontrol y previniendo conductas de riesgo. El trabajo se apoyó en técnicas de reestructuración cognitiva, relajación y afrontamiento, y se validó estadísticamente con la prueba T de Student, confirmando diferencias claras entre el grupo experimental (el que fue intervenido) y el grupo control (el que nunca fue intervenido pero sí sondeado).
Muy parecida a la drogadicción
- Los estudiantes que participaron en el programa redujeron sus puntajes en la Escala de Predisposición a la Adicción a Facebook (PAF), pasando de niveles de riesgo a niveles moderados o bajos.
- El grupo control, sin intervención, mantuvo sus patrones compulsivos.
- La investigación se inscribió en la línea de Psicología Clínica y de la Salud, anticipando que las redes sociales podían convertirse en una adicción no convencional, comparable a la ludopatía o al abuso de sustancias.
¿Meta se hizo la sorda?
Lo que en 2013 parecía un problema escolar se convirtió en un fenómeno global. En 2025 y 2026, tribunales en el oeste, el sur y el este de los Estados Unidos sentenciaron a Meta (la empresa matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp) con multas multimillonarias por diseñar plataformas adictivas que afectaron la salud mental de menores.
El mismo patrón que Luzuriaga había descrito en Piura —baja autoestima, compulsión por estar conectado, pérdida de habilidades sociales— fue reconocido judicialmente como responsabilidad corporativa.
Este caso revela que la investigación peruana no solo tiene valor local, sino que puede anticipar debates internacionales sobre salud mental y ética tecnológica. La tesis de Luzuriaga es un ejemplo de cómo la academia regional puede iluminar problemas que años después se convierten en litigios globales.
Quisimos mostrar una fotografía de la carátula pero ha sido infructuoso: “UCV me informó que no la tienen disponible en Piura”, nos cuenta Luzuriaga, quien solo conserva una copia digital del trabajo aprobado por unanimidad en 2013.

