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Dom, Abr

Primer día de clases en la Universidad Nacional de Piura

Miguel Godos Curay
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ERP. El retorno a clases e inicio de las actividades académicas de un nuevo semestre tiene una potente dosis de entusiasmo en la universidad. Para los recién ingresantes es su primer día en el que se espera un contacto fresco y nutritivo con el saber. Todo depende de la pasión con la que asume su tarea académica el docente. De la emoción personal de compartir lo que sabe y cómo lo enseña. El fiasco insoportable es una clase tediosa y aburrida. Si el profesor no activa los resortes de la motivación se sumerge en los pantanos del extravío y el aburrimiento. La curiosidad natural se convierte en un concierto de bostezos.

Por: Lic. Miguel Godos Curay

Los estudiantes, en especial, los que acuden el primer día esperan un trato cortés y amable. Deploran la impuntualidad y el uso del temor como insuperable herramienta pedagógica. El miedo y la amenaza sólo movilizan los resortes de la defensa y la reacción. En cambio, la sinceridad espontánea es una valiosa experiencia para activar la confianza y el respeto. Estos son los ingredientes de la libertad de cátedra. La prédica ideológica y política retuerce las aspiraciones juveniles. La libertad de cátedra no se condice con la imposición de los personales puntos de vista. La realidad como advierte Ortega y Gasset depende del punto de vista. Lo que para algunos puede ser un espejo cóncavo para otros es convexo. La verdad se expone, la mentira se impone.

Nos encontramos instalados en la realidad expresión de lo que es. No de lo que no es. La universidad es la viva expresión de la sociedad del conocimiento, del saber en sus múltiples posibilidades. De la certeza de la verdad demostrada. De la búsqueda insaciable. De la lectura fresca y comedida. Del decir, del pensar, del escribir y de dialogar en el aula con pleno sentido de la libertad. Por eso no tienen sentido los retorcidos negocios de venta de mandiles, de frascos de alcohol, separatas y copias tantas veces multiplicadas sin ninguna utilidad práctica. El conocimiento fresco es innovación. Es aire puro, para la inteligencia y la comprensión.

La universidad, en definición certera de Cueto Fernandini, es una corporación académica de maestros y alumnos en busca del conocimiento universal. Uno de sus presupuestos éticos irrenunciables es la libertad. No es un imperio político. Es un imperio en el reino de lo ético. Por eso es permeable a la búsqueda de las rutas de los hechos ignorados acorde con las vocaciones legítimas y la disciplina metódica de la madurez de la inteligencia. No se trata de repetir lo que dijo en el aula el profesor convertido en interrogantes sin pies ni cabeza de los exámenes. Las evaluaciones son actos subjetivos que no tienen un vínculo eficaz con la realidad y el aprendizaje creativo. Es mucho más exquisita la experiencia crítica que el memorismo efervescente que acaba en el olvido. Mucho mejor es saber argumentar en base a la búsqueda y la propia experiencia.

Advierte Adela Cortina: “Enseñar al que no sabe era y es una de las obras de misericordia del catecismo”. Enseñar entraña una entrega personal. Quien no tiene este atributo y disposición para educar y formar a otros. Es un mercachifle embustero. El crítico Iván Illich, desde la orilla del humanismo radical, sostiene que lo importante para los jóvenes se aprende fuera de las aulas. Las lecciones de la realidad son evidencia desnuda en los mercados y plazas, en los asentamientos humanos y en la decepción clamorosa de la inseguridad social. La economía de un país se mide junto a las apremiantes necesidades. En principio, no se puede vivir ni entender el mundo real sin pasar por la escuela. Quienes no acuden a ella fracasan sin oportunidades en la vida.

Se enseña con conocimientos estudiados y reflexionados, con lectura intensa con un diálogo abierto con los pares. Con la indagación metódica, con la investigación en busca de una comprensión intuitiva y profunda. En la sociedad del conocimiento y las redes de información es imposible desdeñar la comprensión de las cosas. El acceso al conocimiento es una posibilidad al alcance de todos. Los libros permiten asomarte a biblioteca virtuales. El ávido lector encuentra lo que busca. El distraído consume su tiempo en contenidos inútiles y en la pirotecnia visual de las redes sociales. Internet es una herramienta de acceso al conocimiento si se usa disciplinadamente sin perder el tiempo. Caso contrario se convierte en un pueril entretenimiento, adictivo e incontrolado.

No se piense que los jóvenes universitarios se consagran íntegramente al estudio. Muchos pierden su tiempo, otros, desaprovechan la oportunidad de tener una solvente preparación académica. Otros se dedican de cuerpo entero a la vida social prefieren la diversión incontrolada en celebraciones movidas por los resortes de las organizaciones estudiantiles que alientan el pervertido divertimiento y la captura de las preferencias electorales. De todo encontramos en la viña del señor. Responsables, irresponsables, estudiosos, vagos redomados, impuntuales, expertos en perder el tiempo y fomentar incontroladamente la ociosidad. Así como hay buenos y estudiosos. Hay los que no saben lo que quieren. Los que dilapidan irresponsablemente los aportes familiares para el transporte y la pensión estudiantil. No faltan los rebeldes que contagian su desaliento a los incautos e ingenuos. Una estúpida ebriedad de baba de caracol insoportable.

La universidad abre las puertas a todos. Frente al desaliento y el desconcierto corresponde a los docentes reforzar la autoestima y el respeto a quienes confían su formación profesional, su futuro. Definitivamente no se puede ser buenos docentes sin ser buenas personas. Buenos ciudadanos y buenos profesionales. El ser competentes obliga a ser profesionales honestos. Una cosa es la profesión que se tiene y otra la profesión que se es. Una demostración legítima y palpable de calidad humana y de respeto a los jóvenes que se le han confiado.

Diario El Reegional de Piura
 

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