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Lun, Abr

Debates presidenciales en Perú, su importancia y la anodina participación del pacto ético electoral

Editorial
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ERP. Los debates presidenciales en el Perú se han convertido en uno de los pocos espacios donde la ciudadanía puede observar, de manera directa, la capacidad política, el conocimiento del Estado y la solvencia ética de quienes aspiran a conducir el país. En un escenario electoral marcado por la dispersión del voto, el desencanto ciudadano y la desconfianza en las instituciones, estos encuentros no solo son necesarios, sino imprescindibles para fortalecer la democracia y promover un voto informado.

Al margen de encuestas, las preferencias electorales por parte de los ciudadanos no queda bastante claro; sin embargo, se observa un crecimiento de Alfonso López Chau de Ahora Nación, Jorge Nieto Montesinos del partido del Buen Gobierno, Roberto Sánchez Palomino de Juntos por el Perú; además de los candidatos de derecha que representan el "pacto mafioso". 

Igualmente, en los debates presidenciales se ha visto la nítida revelación de Marisol Pérez Tello del partido Primero la Gente; Mesías Guevara Amasifuen del paprtido Morado, Herbert Caller del partido Patriotico del Perú, además de Paul Jaimes Blanco del partido Progresemos, lo que indica que exiisten aspirantes con credenciales democráticas capaz de asumir la conducción del país, aunque se tenga la certeza del desequilibrio insitucional creadoo por los que ahora detentan el poder real. 

Los debates han generado polémica con miras al 12 de abril y se requiere en esta oportunidad mucha responsabilidad ciudadana, para elegir a demócratas que con liderazgo reviertan todos los destrozos realizados graciais a la toma de entidades importantes como el Podoer Ejecutivo, Tribunal Constitucional, Junta Nacional de Justicia, Ministerio Público y Defensoría del Pueblo. 

Un debate presidencial no debería ser un simple intercambio de discursos preparados o ataques entre candidatos. Su verdadero valor radica en la confrontación de ideas, en la exposición de propuestas viables y en la capacidad de los aspirantes para responder con claridad sobre los problemas estructurales del país: seguridad, economía, salud, educación, corrupción, descentralización y desarrollo regional. Cuando el debate cumple ese rol, el ciudadano puede comparar, analizar y tomar decisiones más responsables al momento de emitir su voto.

Sin embargo, en el actual proceso electoral se observa una preocupante debilidad institucional en la conducción ética de la campaña. El denominado pacto ético electoral, que debería ser un instrumento clave para garantizar el respeto, la transparencia y la veracidad en la contienda, ha tenido una participación anodina, casi silenciosa, sin el protagonismo que exige el momento político. Su presencia ha sido más simbólica que efectiva, limitándose a declaraciones generales sin una acción firme frente a ataques, desinformación, discursos agresivos o incumplimientos de compromisos.

Esta pasividad debilita el proceso democrático. Un pacto ético electoral no puede ser solo un documento firmado para la fotografía o un acto protocolar. Debe ser un mecanismo activo de vigilancia moral, de llamado de atención público y de promoción de campañas limpias. La ciudadanía espera que exista una voz institucional que sancione moralmente la mentira, el insulto y la manipulación política, y que fomente el debate de propuestas en lugar de la confrontación estéril.

La importancia de los debates presidenciales también está en su capacidad de elevar el nivel de la política. Cuando los candidatos se ven obligados a responder en tiempo real, sin discursos prefabricados, se revela su verdadera preparación. Allí se evidencia quién tiene visión de Estado, quién conoce la realidad nacional y quién simplemente improvisa. Por eso, los debates deben ser organizados con rigor, con reglas claras, moderadores firmes y temas que respondan a las necesidades reales del país.

El Perú atraviesa un momento complejo, con una ciudadanía cansada de promesas incumplidas y gobiernos ineficientes. En este contexto, los debates presidenciales se convierten en una herramienta clave para recuperar la confianza pública. Pero para que cumplan su función, deben estar acompañados de instituciones que velen por la ética electoral y promuevan una competencia política basada en el respeto y la verdad.

La participación anodina del pacto ético electoral deja un vacío que debería ser llenado con mayor firmeza y liderazgo institucional. La democracia no solo se defiende en las urnas, sino también en la calidad del debate público y en el compromiso ético de quienes buscan gobernar. Si el pacto ético no asume un rol activo, corre el riesgo de convertirse en una figura decorativa, sin impacto real en la conducta de los candidatos.

En tiempos de incertidumbre política, el país necesita debates serios, candidatos responsables y un pacto ético que actúe con firmeza. Solo así se podrá construir un proceso electoral transparente, creíble y acorde con las expectativas de una ciudadanía que exige más propuestas y menos confrontación.

Debido a la crisis profunda a la cual nos han sometido oorganizaciones el "Pacto mafioso", hoy más que nunca, se necesita claridad, discernimiento y mucha responsabilidad política, para adoptar la mejor decisión en la renovación de autoridades; debemos indicar, que dicha responsabilidad debe extenderse no solo a la nueva presidencia de la República, sino a parlamentarios. 

Diario El Regional de Piura
 

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