¿El Congreso? Tampoco tan poco

Nelson Peñaherrera
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ERP/Nelson Peñaherrera Castillo. Que el congresista Kenji Fujimori está candidateando a algo, no queda la menor duda. No es novedad tampoco. Quizás todavía le falta sincerarse que nos diga candidateando a qué, aunque mi hermano menor, que es un ciudadano muy informado (tengo que reconocerlo), tiene una lectura interesante que podría aclararnos muchas cosas. Encima, es medio brujo, como él mismo lo dice.

Para comenzar, y esta creo que es una apreciación algo común en quienes vemos con escepticismo lo que hace la mayoría parlamentaria sin caer en el fanatismo, el hijo menor de los Fujimori-Higuchi está jugando a ser lo que no es en realidad, esto es, a que no se le vea como congresista aunque sí lo es de hecho (fue el más votado, encima).

La primera legislatura del Congreso de la República 2016-2021 parece ser el ejemplo perfecto de una carrera de caballo y parada de borrico. Comenzó como una promesa de propuestas y consensos en una situación política harto complicada debido a que por primera vez en este siglo el oficialismo no tiene mayoría, y ha terminado como un circo completo, donde la ofensa, el culebrón y los egos han dominado la agenda por encima de la producción y la calidad en leyes.

Entonces, Kenji está capitalizando eso, sintonizando con la mayor parte de la gente que para bochinches ya tiene suficiente con sus vidas, aunque eso no es lo novedoso, y aquí comienza la interesante teoría de mi hermano que valdría la pena verificar.

Primero, sacrificar a los invitados: Noten que en la mayoría parlamentaria las vocerías han sido repartidas entre gente que no es fujimorista de carnet y de pura cepa, y son las que principalmente salen a intrigar y asumir el papel de moralistas, especialmente para quienes no tienen idea de su pasado político atacando desde otras orillas lo que ahora defienden. Aparentemente, estos y estas congresistas son la carne de cañón, las liebres que perecerán más temprano que tarde ante el cuestionamiento público (a uno de los invitados le tienen cierto hambrecito en Tumán, Lambayeque). o simplemente aporreados por la opinión pública.

Cuando eso suceda, cínicamente podría abrirse un espacio interno para marcar los errores de los nuevos contra la mesura de los antiguos, y listo: cara bien lavada a costa de kamikazes políticos. ¿Y ellos lo saben? Definitivamente sí porque no tienen un pelo de tontos) claro que siempre queda un margen de error) y mucho rabo de paja.

Segundo, ahondar el contraste: Desde la personalidad hasta las ideas legislativas, Kenji va a hablar siempre en un tono que lo acercará a un discurso más de centro y no de derecha populista que tiene la mayor parte de su bancada. Noten que su tono de voz, su actitud, su carisma son la antípoda de su hermana, Keiko, quien aparentemente tendría que abdicar su candidatura al 2021 para refrescar al partido. ¿Kenji, próximo presidente del Perú? Si estás en el centro, tendrás la capacidad de dialogar con todo el mundo sin comprometer nada de ti. La pregunta que ahora nos hacemos es cómo se las ingeniarán para transmutar el tema de los derechos civiles, especialmente de la comunidad LGTBIQ, los que Kenji tiene clarísimos y que lo distancian de ciertas alianzas teocráticas y fundamentalistas (ojo que también hay evangélicos superprogresistas). Habrá que ver. Obviamente, esta imagen también será el lunar en medio de tanto político de actitud callejonera.

Alerta de 'spoiler': No es ideología, es mercadeo. Sigamos.

Tercero, uso de los puntos suspensivos: Algunos colegas en Lima ya le han preguntado a Kenji directamente si será candidato a la presidencia del Perú y él ha respondido que no lo sabe. ¿Quién estuvo apelando al mismo expediente? Sí, Nadine Heredia. Fue una manera muy barata de saber si la opinión pública respaldaría una eventual candidatura, solo que Humala sobreactuó en algunos casos y terminó quemando la 'presidenciabilidad' de su consorte; la otra parte fue hecha por el periodismo de investigación. Kenji usa la misma estrategia para asegurarse de que, si llegara a hacer el anuncio, se haga con un esponjoso y grueso colchón de votantes potenciales. Los escépticos serían convencidos de forma más racional y empática. Los que no votarán por él no preocupan tanto porque, en ese escenario, serían minoría; digo, seremos minoría.

Cuarto, redes sociales: Keiko lo hizo muy bien durante el periodo previo a la campaña y en la campaña. ¿Dónde mancó? en los debates. Mientras Kuczynski tenía el dato en la punta de la lengua y documentado a sus pies, Keiko leía. Quien sea el media trainer de Kenji (se dice que es Carlos Raffo reloaded) también le está haciendo leer pero no para usarlo como un teleprompter (el aparato que da la impresión de que alguien dice algo de memoria mirando a una cámara), sino para que sea hábil improvisando, y Kenji tiene mucha rapidez mental, capaz de mantener y lanzar los mensajes claves pero agregando mucho de su propia cosecha. Mejor dicho, reinventando la imagen que tenemos del político tradicional o populista. Facebook, Twitter e Instagram harán el resto de la chamba a costo casi cero con un público objetivo clarísimo: votantes jóvenes, en especial los discriminados tras no haber pasado el decreto para endurecer las penas por la violencia de género y admitir los crímenes de odio.

Quinto, los congresistas pródigos: Cuidado con Vilcatoma, Vieira y Donayre. Que sean tres no significa que no sean fuerza, especialmente si llegaran a hacer tándem con Kenji como parece que pasará, a juzgar por las interacciones que se ven en las redes sociales. ¿Espontáneas o planeadas? No lo sabremos hasta que la amistad entre ellos se rompa, pero allí están los estados para tener evidencias. Si esos congresistas son la disidencia de los partidos que les llevaron al poder y Kenji está jugando al disidente, ya pues.

Detalle adicional: todo el plan parecería estar dirigido y supervisado por el comité central de Fuerza Popular, con los consiguientes matices melodramáticos para crear cierta 'beneficiosa' confusión.

¿Cuán desacertado pudiera estar este análisis? Solo el tiempo lo dirá. Obviamente, no es mi intención respaldar o cuestionar o refutar la candidatura del menor de los Fujimori-Higuchi. Si quiere ser el próximo presidente peruano, está en todo su derecho. De ahí a que se marque su símbolo o foto, todavía queda mucho trecho por andar; pero de que ya tenemos una estrategia en marcha, éstos parecen ser los pasos.

(Opina al autor. Síguelo en Twitter como @nelsonsullana)

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