ERP. Durante los últimos lustros y a una velocidad sorprendente, las pequeñas empresas y, en general, todo tipo de organizaciones han incorporado servicios asociados a la virtualidad. Contar con una página web, sistemas en línea, correo corporativo, plataformas digitales o almacenamiento de información supone, en muchos casos, contratar un servicio de hosting que debe ser eficaz, rápido, seguro y confiable.
Sin embargo, no basta con contratar un servidor y esperar que todo funcione correctamente. Es fundamental conocer dónde están alojados los datos, quién administra la infraestructura y qué garantías ofrece el datacenter que los resguarda. De ello pueden depender la continuidad de las operaciones, la protección de información vital y la capacidad de respuesta ante una eventual emergencia.
Considerando experiencias existentes en el Perú y en otros países, presentamos esta guía dirigida al consumidor y a la pequeña empresa peruana, con el propósito de ayudarles a tomar una decisión informada al contratar un servicio de hosting. La disponibilidad, la seguridad, la velocidad de respuesta, el soporte técnico y la capacidad para resolver oportunamente problemas del servidor son factores indispensables para aprovechar los beneficios de la virtualidad.
En ese sentido, existen cinco preguntas básicas que cualquier cliente debería formular a su proveedor de hosting antes de contratar el servicio o, si ya lo tiene, para verificar dónde y bajo qué condiciones se encuentran sus datos.
1. ¿Dónde están físicamente alojados mis datos?
El proveedor debe poder identificar en qué datacenter se encuentran alojados los datos, indicando como mínimo la ciudad y el país y, cuando sea posible, proporcionando la dirección o algún mecanismo verificable que permita acreditar su ubicación. Este aspecto es importante para facilidad de interacción, donde el soporte técnico y el idioma son fundamentales.
2. ¿Quién es el propietario y quién opera el datacenter?
Es pertinente conocer si el datacenter es realmente propiedad del proveedor de hosting, quién lo opera y administra, o si se trata de una infraestructura perteneciente a un tercero donde el proveedor simplemente mantiene sus servidores. Esta diferencia es importante porque permite conocer la cadena de responsabilidades. La transparencia sobre la propiedad, operación y administración de la infraestructura constituye un elemento esencial para evaluar la confiabilidad del servicio contratado.
3. ¿Qué certificación tiene y quién otorgó el nivel Tier?
Si un proveedor afirma que su datacenter es Tier III o Tier IV, el cliente debería preguntar qué entidad independiente otorgó esa clasificación, qué nivel fue certificado y cuál es el alcance de dicha certificación.
Este punto es especialmente importante porque Tier no es un adjetivo comercial. Es una clasificación técnica que debe estar respaldada por un organismo certificador reconocido. Por ello, no basta con que una empresa anuncie que su infraestructura es "Tier III" o "Tier IV"; debe existir una certificación que pueda ser acreditada.
Por ejemplo, HostingPlus Perú declara contar con un datacenter Tier III certificado en Lima, lo que la convierte en confiable. Además de ello, los planes de hosting en soles facilita el proceso de transacción en el territorio nnacional o peruano.
4. ¿Puedo verificar el certificado?
La certificación debería poder ser respaldada mediante un certificado, número de registro, fecha de emisión y, cuando exista, un registro público o mecanismo de consulta que permita comprobar su autenticidad. En servicios donde la seguridad y continuidad de la información son fundamentales, la posibilidad de verificar independientemente una certificación constituye un elemento de confianza. No se trata únicamente de creer en lo que afirma el proveedor, sino de contar con evidencias que permitan comprobarlo.
5. ¿"Datacenter propio" significa que está certificado?
Que una empresa diga que cuenta con un "datacenter propio" no significa automáticamente que esa instalación tenga una certificación Tier. Puede tratarse de un verdadero datacenter construido y administrado por la empresa y auditado por terceros, pero también podría ser simplemente una sala técnica utilizada para alojar servidores.
Por ello, es necesario diferenciar propiedad, operación y certificación. Una infraestructura propia puede ser técnicamente adecuada, pero eso no convierte por sí mismo al establecimiento en un datacenter certificado.
Una decisión que no debe tomarse a ciegas
Para una persona, emprendedor o pequeña empresa, elegir un servicio de hosting no debería reducirse a comparar precios, capacidad de almacenamiento o velocidad anunciada. También es necesario conocer dónde estarán los datos, quién responderá por la infraestructura y qué certificaciones respaldan las condiciones de seguridad y disponibilidad ofrecidas.

