Bla, bla, bla en prevención por el Fenómeno El Niño en Piura

Editorial
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ERP. Que habrá lluvias durante 2026 y 2027 parece ser la única certeza que, desde hace meses, repiten autoridades, especialistas, empresarios y representantes del sector público y privado. Se escuchan diagnósticos, advertencias, interpretaciones y llamados a la prevención. Sin embargo, después de tantas palabras, la pregunta sigue siendo la misma: ¿qué se está haciendo realmente para que Piura esté preparada?

La respuesta no resulta alentadora. Piura no está preparada para enfrentar lluvias intensas y esa realidad es consecuencia de años de decisiones equivocadas, ausencia de liderazgo, improvisación y una visión centralista que ha terminado relegando el conocimiento y la experiencia local.

Al revisar la historia reciente, son pocos los momentos que pueden rescatarse como verdaderos hitos de gestión. Entre ellos está la firme posición de monseñor Óscar Cantuarias Pastor y de Francisco Hilbck Eguiguren, quienes lograron arrancar al Gobierno nacional el Canon Petrolero, un recurso que permitió a Piura disponer de mayores posibilidades para atender sus necesidades de desarrollo.

Los desastres de 1982-1983 y 1997-1998 dejaron lecciones que, lamentablemente, no siempre fueron aprendidas. La ciudad de Piura encontró algunos derroteros para la evacuación de aguas pluviales y determinadas obras demostraron su utilidad frente a posteriores eventos. En Sullana, el Canal Vía se convirtió en una infraestructura fundamental; asimismo, la mejora progresiva del sistema vial permitió reducir interrupciones del tránsito vehicular y peatonal.

Pero después del desastre de 2017, en lugar de consolidar una estrategia regional basada en esas experiencias, se optó por entregar gran parte de las decisiones al Gobierno nacional. Durante la gestión del entonces gobernador Reynaldo Hilbck Guzmán, se permitió que la reconstrucción fuera conducida desde Lima, con la creación de la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios, posteriormente reemplazada por la Autoridad Nacional de Infraestructura. En ese proceso, el conocimiento local quedó, en buena medida, relegado.

Hoy volvemos a escuchar el mismo discurso. Se habla de prevención, de solidaridad, de ayuda humanitaria y de estar preparados para responder ante una emergencia. Todo ello es necesario, pero insuficiente. Piura no necesita solamente prepararse para atender damnificados; necesita reducir el número de damnificados.

Y allí está el problema de fondo: seguimos sin una visión integral de la cuenca del río Piura, sin una solución definitiva para su salida al mar y sin respuestas suficientemente claras para manejar las grandes acumulaciones de agua que se generan durante eventos extraordinarios. Mientras tanto, se anuncian obras y se repiten diagnósticos que ya conocemos.

Javier Atkins Lerggios, expresidente regional, ejecutó una obra que debería ser revisada con mayor atención: la avenida Vice. Allí se implementó un sistema de almacenamiento subterráneo de aguas pluviales que, mediante electrobombas, permite posteriormente evacuar el agua. Su capacidad es limitada, ciertamente, pero la experiencia demostró que existen alternativas técnicas que podrían ampliarse y replicarse.

Sin embargo, a pocos metros se construyó un SARE sin que aparentemente se haya incorporado de manera suficiente aquella experiencia. Cuando lleguen lluvias intensas y el agua vuelva a inundar decenas de viviendas, será legítimo preguntarse qué utilidad tendrán determinadas infraestructuras si no forman parte de una solución integral para el manejo de las aguas pluviales.

La prevención exige conocimiento, planificación, capacidad técnica, manejo responsable del presupuesto y, sobre todo, liderazgo regional y local. No basta con esperar que el Gobierno nacional transfiera recursos cuando la emergencia ya se produjo. Tampoco sirve repetir que habrá solidaridad cuando miles de personas hayan perdido sus viviendas, sus bienes o sus fuentes de trabajo.

El caso del asentamiento humano 28 de Julio es una muestra de esta contradicción. Se conoce su vulnerabilidad, se sabe que ocupa una zona expuesta a inundaciones y, pese a ello, la situación permanece prácticamente igual. ¿Vamos a esperar nuevamente las lágrimas de sus residentes para recién activar la maquinaria estatal?

Lo mismo ocurre en otras regiones del norte. Tumbes, Lambayeque y La Libertad también enfrentan riesgos asociados a sus respectivas cuencas. El río Piura, el Chira, el Tumbes, La Leche y otros sistemas hidrográficos pueden convertirse en amenazas cuando ocurren eventos climáticos extraordinarios. La prevención no puede reducirse a declaraciones de temporada.

Piura necesita dejar atrás el bla, bla, bla de cada emergencia anunciada. Los diagnósticos ya existen. Los problemas están identificados. Las experiencias también. Lo que falta es convertir ese conocimiento en decisiones, obras y políticas públicas sostenidas en el tiempo.

Mientras todos quieran conservar su status quo, reaccionando solamente cuando la emergencia los convierte en afectados o damnificados, seguiremos repitiendo la misma historia.

No se trata únicamente de preparar ayuda humanitaria para después del desastre. Se trata de construir ciudades seguras, reducir la vulnerabilidad y evitar que el agua vuelva a decidir quién pierde su casa, su patrimonio y, eventualmente, su vida.

Diario El Regional de Piura

 

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