«Tres maneras de morir», de Luis Eduardo García: duelo, amor y culpa

Cultura
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ERP. La poesía se sitúa y se maneja con plena comodidad al borde de la existencia. La novela, como un luchador de sumo cansado, posiciona el ejercicio de la vida en el centro. Luis Eduardo García acaba de publicar su novela Tres maneras de morir y es un autor que viene de los campos y las estrellas de la poesía, y quizás por ello lleva a su personaje, Facundo Montiel, a los límites de la existencia, a mirarse ante un espejo implacable que le devuelve a un tipo dispuesto a quedar “tablas” con la vida.

Por Houdini Guerrero

Este personaje arrastra, como un ancla montada al pecho, tres formas de dolor: la muerte de su padre, el término de su relación con H y el peso de una culpa lejana: en su niñez se ensañaba, con suprema crueldad con las mariposas que llegaban en verano a su pueblo. Jhon Cheever nos dice en sus diarios: “Lo que llamamos pena o dolor suele ser nuestra incapacidad para entablar una relación visible con el mundo, con este paraíso casi perdido. A veces comprendemos las razones, a veces no”.

Facundo Montiel, el inolvidable personaje de Tres maneras de morir, intenta a toda costa comprender las razones de sus penas. Está obsesionado con el porqué. En las relaciones de las personas los traumas más profundos se generan en la familia. Carta al padre, de Franz Kafka es un texto conmovedor y certero de una relación accidentada, por decir lo menos, entre un padre y un hijo. Luis Eduardo García ha preferido la novela para ‘bucear’ en este tipo de relaciones y nos presenta a un Facundo Montiel agobiado con las sombras del padre, a quien en varios pasajes de la novela se empeña en recriminarlo con severidad, pero no tiene ningún reparo en llevar todo el tiempo su fotografía en un compartimiento de su billetera.

Diga lo que diga Facundo Montiel, en las 264 páginas de la novela Tres maneras de morir este sigue enamorado de H. Los lectores sentimos que es así y sabemos, además, junto con Borges, un autor que admira García, que “enamorarse es crear una religión cuyo dios es falible”. Escribir sobre el amor puede ser terapéutico, pero, definitivamente, es muy doloroso. A ratos, Montiel da la sensación de que para él es más importante comprender por qué lo dejó H que vivir la pérdida misma. Y aunque a ratos está tentado de responderle, mandarla al diablo, decirle que se quede con su ‘espectro’, no lo hace, se contiene. Y es que Facundo no odia a H —“porque nunca podemos odiar a quienes son capaces de hacer exactamente las mismas canalladas que nosotros”, dice Erdosain en la novela Los siete locos de Roberto Arlt —, al contrario, la sigue amando.

El protagonista de Tres maneras de morir se empeña en demostrarse, en demostrarnos, lo que dice Breton en Nadja: “Nunca podrá usted ver esta estrella como la veo yo.  Usted no comprende: es como el corazón de una flor sin corazón”. Montiel busca desentrañar los entresijos de corazón de H y entender qué la llevó a separarse de él. Nunca lo consigue, por supuesto.  Es conveniente recordar que la intensidad dramática de la novela está atenuada por viñetas cargadas de ironía donde el personaje consulta al tarot y conversa con su terapeuta, recurso técnico que no solo ‘suaviza’ el dolor, sino que vuelve fluido el relato.

Facundo Montiel es un hombre enfrentado al pasado. Un hombre que solo sueña una vez en la novela. Un hombre que en el peor momento de la relación alucina que encuentra a H en su departamento. Un hombre que ha perdido las llaves de la vida y ha sucumbido a los embates del amor, la nostalgia y la traición.

Luis Eduardo García ha escrito su novela Tres maneras de morir no como una narración lineal, sino como una avispa que aguijonea, una y otra vez, al lector enganchado en su lectura. Y, hay que ver, cómo pesa y duele, pese a su aparente fragilidad, este aguijón narrativo.

Los personajes de la novela asumen muchas contradicciones morales, las cuales tienen tamaño y textura gruesas. Son personajes de carne y hueso que no le huyen al vaivén de la vida y nos demuestran que, en esta, en la terrenal, no hay bueno bueno, ni malo malo. 

Tres maneras de morir es una novela que parece no terminar, que se funde en sí misma y se retroalimenta a cada momento de las decisiones del personaje principal, decisiones que el lector hace suyas y al que al final no terminar de asimilar. Facundo Montiel es un personaje bien construido, de la estirpe de Eladio Linacero, de Juan Pablo Castel, de María Iribarne  que ha llegado a nuestras vidas para quedarse.

Diario El Regional de Piura

 

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