Las primeras estampas del periodo lluvioso 2017

Nelson Peñaherrera
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ERP/Nelson Peñaherrera Castillo. Se haya o no previsto, uno de los saldos ineludibles de todo periodo lluvioso fuerte como el que Piura está viviendo es la pérdida de muchos bienes materiales, en particular los inmuebles. En ese sentido, sí creo que los medios de comunicación pueden realizar una labor destacada tanto a nivel preventivo como al cubrir el desastre. Finalmente, ambas son noticia.

A nivel preventivo, sigo pensando que dar espacio al pronóstico del tiempo es una inversión que genera ganancia tanto para el medio como para la audiencia. Obviamente, requiere mucha preparación en quien transmita el contenido para que signifique algo en la vida de la gente y llegue a salvarla, lo que capitaliza la credibilidad y puede ser usado como una ventaja competitiva. Bueno, cuestiones de mercadeo que todo medio que se respeta debería manejar.

Sobre la cobertura de desastres naturales también me parece que es algo que merece atención y preparación de los medios para que la información ayude a todo el mundo, desde las autoridades hasta la ciudadanía pasando por las organizaciones de apoyo. Por ratos pienso que este tipo de coberturas se parece a las corresponsalías de guerra: cualquiera no puede hacerlo, a menos que supere un exigente entrenamiento profesional, físico y mental, pues llega a ser extenuante, y mal que bien, los y las periodistas son las últimas personas que pueden cansarse.

La gran diferencia en este punto es la línea delgada que hay entre el servicio que alerta y el espectáculo sensacionalista en el que caen los medios. Por lo menos, en la última creciente del río Rímac en Lima, he oído críticas a las cadenas de noticias por cable debido a que fueron capaces de mandar al olvido los alegatos de Heriberto Benítez en el caso Toledo solo por poner el derrumbe de una casa en vivo y hacer 'bullying' a una desesperada familia que parece no haber considerado, en su momento, que siempre es mala idea construir junto a un río de cauce irregular.

El último viernes hemos publicado una historia en FACTORTIERRA.NET sobre las lluvias que hemos experimentado en todo el departamento de Piura, y mientras acopiábamos material, nuestro productor colaborador en Chulucanas nos subrayaba un detalle que puede comprobarse con registros en mano: su localidad ha recibido hasta 180 mm de lluvia durante estos días mientras que Chiclayo, la capital de Lambayeque, solo ha recibido 50 mm. Sin embargho, los medios limeños y las ayudas gubernamentales parecen haberse concentrado allá cuando la capital de la provincia de Morropón también pasa por apremios.

Aunque le observamos que Chulucanas es una ciudad que se ha diseñado (menos mal) para soportar intensos periodos lluviosos (está en la franja de los extremos climatológicos de la costa piurana), su contraargumento fue que al igual que en el caso de Chiclayo, las víctimas son personas humildes.
Contacté a un amigo en la Capital de la Amistad para preguntarle si lo que los medios mostraban era realmente tan angustiante como parecía y me dijo que sí, pero básicamente en el cordón periurbano, pues en el campo ya se habían preparado para la contingencia, así que pudieron mitigar los daños sin necesidad de esperar ayuda del gobierno. Entonces, como que lo de Chulucanas sí cobra importancia, y parece que ahí a los medios capitalinos se les escapó la tortuga, como dicen.

De hecho, si querían hacer un show, solo en el tramo Chulucanas-Tambogrande tenían hasta cinco torrentosas quebradas que podrían haberles dado dramáticas postales como la que publicó National Geographic en 1999, cuando tuvo en su edición por el Niño/La Niña, una foto de la gente cruzando la quebrada San Francisco, en Malingas, trepada en una carreta halada por tracción humana y animal.

Otro tema criticable es que algunos medios no sabemos si mandaron reporteros o fiscales ad-hoc a cubrir el desastre, pues convirtieron sus puntos de transmisión en improvisados tribunales en los que acusaban, deliberaban y sancionaban a medio mundo, cuando ellos mismos pecaban de temerarios o hasta negligentes arriesgando sus vidas de forma innecesaria con tal de demostrar cuán perjudicial era la inundación, la creciente o el huayco.

Mención aparte merece el nuevo ridículo nacional que tuvo una cadena cuya enviada especial en Sullana confundió el Canal Vía con un río y a comerciantes de frutas, a quienes miles de veces se les dijo que no estén donde se les ha dado la gana quedarse, como todos los damnificados. Eso pasa por no hacer una investigación previa.

Como sea, éste es solo el inicio. Los pronósticos oficiales dicen que seguiremos lidiando con las lluvias lo que resta del verano, en particular la última semana de febrero y la primera de marzo. Acierte o no, tenemos que prepararnos para evitar los daños, para ayudar al resto y para hacer coberturas que le hagan más fácil la vida a todo el mundo.

(Opina al autor. Síguelo en Twitter como @nelsonsullana)

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