Una excursión que se repita y que nunca se olvide

Nelson Peñaherrera
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ERP/Nelson Peñaherrera Castillo. Esta semana FACTORTIERRA.NET, entre otras, estrenó la historia de la exploración que hicimos en Tunal, al sur del distrito Sapillica (Ayabaca), donde hallamos más petroglifos; aunque aquí la idea no es volverte a contar eso sino lo que no se publicó: conscientes de lo costosa que es una investigación de campo allá, enseñamos a los aliados locales cómo hacer un registro arqueológico, y eso no fue lo realmente bueno.

No me malinterpreten: claro que capacitar gente para que sepa cómo llegar, qué cuidados tener, cómo tomar medidas, qué fotos nos interesan, por qué cuidar la lectura del GPS, es importante; pero lo que realmente sucede después es, simplemente, mágico.

Mientras estábamos en el cementerio de Tunal revisando minuciosamente una de las piedras, Alesban, uno de los chicos que estuvo en el equipo de exploración, comenzó a gritar: “¡Aquí hay otra piedra, vengan, aquí hay otra piedra!” y no se equivocó: ¡realmente teníamos otro petroglifo!

Después le comentaría a mi compañero de expedición que para mí, lo realmente gratificante es que fuimos a ese sitio arqueológico con empleados municipales y regresamos con exploradores comunitarios: con gente que, teniendo la ciencia recién adquirida, ahora siente que tiene una herramienta para mirar con más cuidado, con más detalle, con más cariño, su tierra.

Claro que no hemos descubierto la pólvora o algo por el estilo. De hecho, ese tipo de capacitación activa –taller para la muchachada- es muy común en las últimas décadas. Lo realmente interesante y satisfactorio son los resultados, y lo realmente desafiante es cómo hacemos que esos resultados se sostengan en el tiempo, mejor dicho, cuál es el ‘factor X’ que los haga sostenibles en semanas, meses y años.

Quizá la respuesta esté en otro artículo que hemos estrenado esta semana también en FACTORTIERRA.NET; en realidad una entrevista a un muchacho llamado Ronald, de Sullana, quien obtuvo un primer lugar dentro de una de las categorías de un concurso de fisicoculturismo que se realizó acá hace dos semanas: el chico se enfocó tanto en llegar a colocarse primero que no escatimó nada. quien quiera enterarse de los detalles de cómo lo logró y cuáles fueron los costos, entre a la web, pero esa capacidad de enfocarse hasta llegar a la meta, típica de toda persona deportista, emprendedora, decidida, se llama valor, y eso es lo que hace la historia de este chico realmente conmovedora: sus valores reflejados en la meta que obtuvo.

Si los valores son capaces de enfocarnos en llegar a donde queremos llegar, digo, siempre que sean positivos, ¿por qué no se potencian de hecho, no tanto de palabra?

Eso explica la reacción de Alesban: ya sé, me gusta, ahora quiero usarlo para saber más… ¿Ves la secuencia? Si le agregamos la capacidad de enfoque de Ronald (aunque con un sentido más holístico y previsor, honestamente), tenemos los ingredientes servidos para conseguir que los grandes esfuerzos que nos proponemos no solo se puedan conseguir, sino que se sostengan en el tiempo.

Sí, una rara mezcla de conocimiento y actitud yendo de la mano, a la misma velocidad, por el mismo sendero.

No solo se trata de un modelo educativo escolarizado, sino de una actitud educativa en general, mediante la que compartimos conceptos, despertamos capacidades y alimentamos actitudes. ¿Complicado? No. Todo está en abrir la mente… y el corazón.

(Opina al autor. Síguelo en Twitter como @nelsonsullana)