Bajo Piura: La ruta del agua del río y el rostro del dolor a dos semanas de la inundación

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ERP. Ir hacia Catacaos es encontrarse con los efectos de la destrucción causada por el desborde del río Piura. En varios lugares de la Capital Artesanal de Piura, aún subsisten lagunas, en varios lugares casas destruidas, los desagües aflorando y las aguas servidas discurriendo por las calles, y muchos rostros que reflejan el dolor de haberse quedado sin nada y otros que aún en la dificultad buscan recuperarse de esta tragedia.

Dialogamos con una señora cuyo negocio se ubica al costado del local municipal y nos detalla el ingreso del río Piura, por las calles de esta localidad. No hace mucho, la Calle El Comercio era el lugar preferido para la compra de artesanía y sobre todo, para la adquisición de artículos de filigrana. Aquellas familias que tuvieron menos destrucción, buscan recuperarse y devolverle a este pueblo, la dinámica que tuvo, pero que sin duda les será muy difícil lograrlo.

Pero, si algunas calles muestran la desolación y la fuerza destructora del río, entre ellos Viduque, Simbilá, Catacaos, en otros caseríos la dureza de la destrucción es peor. En gran parte la población cree que es un castigo de Dios, aunque tal creencia no tenga validez, pero es la fuerza que les da resignación para no mirar más allá y no exigir explicaciones y solo reclamar y esperar un poco de ayuda.

Pedregal es un caserío al sur de Catacaos, ingresamos hacia él dirigidos por personal de la Municipalidad Distrital y nos va detallando las razones de tanto fango y tanta casa caída. A 2 semanas del desastre, sus precarias calles se encuentran llenas de lodo y varias familias pernoctan en el lugar. Sus viviendas se llenaron de agua por el desborde del río en el dique Dos Ánimas y además, por el desborde en la zona del Puente Independencia.

Pedregal abc

Esta población quedó entre dos aguas, unas que ingresaban por la parte frontal y otras que lo hacía por la parte posterior. La humana reacción y el espíritu de sobrevivencia los llevó a subirse a los techos y esperar, rogar y quizá rezar para que el agua no supere los dos metros y se puedan salvar. En realidad, decir que esta situación fue un infierno, es poco para entender la real situación de la población del Bajo Piura.

Los albergues ordenados y espontáneos se ven por todo sitio. El camino se encuentra lleno de familias que se han ubicado en las zonas altas, para ponerse a salvo de la inundación. Forman cola para recibir de personal del Ejército Peruano, su almuerzo que les permitirá paliar el mal momento que viven. En otras zonas, muchos niños y niñas, corren tras los vehículos con la creencia que les darán ayuda.

Mirar el entorno y el contexto, simplemente es desolador. La población entrevistada se conduele con el argumento que jamás sucedió esta desgracia y que es la primera vez que el río ingresa con esta contundencia destructora. Piden que los apoyen primero en retirar el agua y el barro, luego ayuda para sus hijos y hasta que los respalden para tener una vivienda más segura; sin embargo, creen que ese lugar totalmente vulnerable, debe ser recuperado para seguirse habitando.

Existen razones para sentirse parte de ese territorio, y es su cultura, sus creencias, su esperanza que esta situación no se repita y además se aferran a este lugar, porque mal que bien, tenían calles pavimentadas, energía eléctrica, agua potable y hasta desagüe. Ahora han retomado su condición elemental y no solo viven en las peores condiciones, sino que usan silos en algunos casos o a “campo abierto” en otros para hacer sus necesidades.

Albergues Catacaos

Llama la atención que a solo 30 minutos de Piura, las condiciones de vida no sean las más adecuadas y que tengan serios problemas para resolverlos. En el caso de Pedregal, tienen una municipalidad delegada que quedó inundaba y abandonada, y además, un colegio que igualmente fue perjudicado.

La mayor parte de ellos se encuentran en albergues, otros han sido recibidos por familiares que no fueron afectados por la contundencia de la inundación. En los albergues, se vienen organizando para ordenar la ayuda, los que se encuentran en lugares más visibles, reciben ayuda oficial y de miles de piuranos y peruanos que pueden tener muchas diferencias; sin embargo, saben unirse frente a la dificultad.

Solo hemos recorrido Pedregal, la calle de la sombrerería, donde las artesanas daban forma a la paja toquilla y era el orgullo de los piuranos, han quedado entre el agua, el barro y la desolación de lo sucedido. Solo es un lugar de decenas de zonas rurales y urbanas marginales, que sufren la inundación como causa directa; pero que en el fondo y si se analiza causas se entrelazan el mal manejo de los recursos del Estado por el centralismo, corrupción y dispendio de los presupuestos dispuestos para limpieza del cauce del río.

Los pueblos del Bajo Piura sufren, y quieren encontrar razones para creer en el aparato público. Por el momento, se conoce la realidad y se espera que haya planteamientos coherentes y viables para el futuro de esta gente, que mira con el rostro triste, quemado por el inclemente sol y con los pies embarrados por el desplazamiento hacia sus viviendas, las cuales no quieren dejar.

Varias instituciones y organizaciones vienen analizando lo acontecido en Piura, y apoyar a la gente para que encuentre una luz en su oscuridad. Justamente el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, con un grupo liderado por Edo Stork Representante Residente Adjunto, visitó la zona y tiene como muchos otros que han llegado al lugar, una mirada más cercana a la realidad, 

La mirada del real problema, se encuentra entre arboledas, sembríos de arroz, casas construidas con material noble y otras de material rústico, llenas de barro y rostros atribulados por la desgracia. Conocerlo, implica ir por los laberintos del fango y del agua, pero es necesario si se quiere plantear en serio la realidad de la población damnificada de Piura, que es posible superen las 100 mil personas.