Tres hitos que nos llevan a la misma lección

Nelson Peñaherrera
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ERP. Nelson Peñaherrera Castillo. Uno de los aprendizajes que he repasado en los últimos meses es que todas las cosas pasan por algo y la idea es meditar en la lección que encierra cada experiencia. El caso es que me sentía seguro de la teoría pero no veía la necesidad de bajarlo a lo pragmático, lo que es un error porque el proceso debería ser al revés.

Sin embargo, como siempre hay tiempo para retomarlo, creo que éste es un buen momento para seleccionar tres hechos de nuestra realidad más reciente y reflexionar en lo que nos dejan como enseñanza.

Primero, las lluvias de El Niño. Mientras la Naturaleza parecía vencernos en la batalla por la destrucción que dejaba por donde las vulnerabilidades eran más fuertes, nació una fuerza que se le opuso sin desmayo: la de la ciudadanía que se unió, juntó recursos y fue hasta donde estaban los problemas para dar alivio, compañía y esperanza.

Segundo, superar la meta de la Teletón. Parece un tema vano o algo que forzosamente tenía que pasar, pero no es así de sencillo pues demandó que cada persona contribuyera con lo mucho o poco que tuviera, que, a la postre, sumó, se hizo valioso, y allí está el resultado.

Tercero, Perú a un paso de ir a un mundial, y esta vez no por un raro artilugio aritmético. Gracias al talento, los músculos de las piernas, la estrategia y las horas de entrenamiento constante del cuerpo técnico y los jugadores de la Selección Peruana de Fútbol estamos arriba por mérito propio, porque nos la jugamos, porque la luchamos, y sea cual fuere el resultado del martes, todo el camino exitoso que hemos avanzado tiene que ser nuestro orgullo y punto de referencia para superarlo en la siguiente etapa, sea cual fuere.

En ese sentido quiero hacerme propia las palabras del técnico Ricardo Gareca, quien, sin vender humo, hace hincapié en que no debemos depender de nadie para triunfar sino depender de nosotros y nosotras. De nadie más, de nada más, porque la energía para remontar lo imposible está en nuestro interior.

Claro que ciertos signos de fe ayudan pero finalmente el motor está en nuestro interior. ¿Le estamos poniendo el combustible adecuado? 

Si tal combustible tiene una fórmula basada en el rencor, el dolor, la ira, la tristeza y la frustración, puede que funcione inicialmente pero terminará estropeando más nuestra máquina. Si por el contrario parte de la alegría, de la fraternidad, de la solidaridad, de la empatía, de la proactividad, del amor, puede que al inicio parezca no ir a ninguna parte, pero cuando alcanza temperatura de ebullición, no hay quién la pare.

Que sea un ejercicio que apliquemos el martes contra Colombia, o cuando nuestras tribulaciones parezcan desplomarnos, o cuando un puñado de egoístas y ególatras con cargo por elección popular quieran imponer su voluntad contra el designio de una nación, pararnos firmes, respirar profundo, unir nuestras manos y caminar juntos y juntas para adelante. Y nunca dejarnos derrotar por la tristeza ni dejarnos envenenar por la violencia.

La lección que nunca debemos olvidar es que cuando el Perú se une, las metas más imposibles son fáciles de alcanzar.

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