El miedo en los medios, la nueva estrategia comercial para el Perú entero

Nelson Peñaherrera
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ERP. Nelson Peñaherrera Castillo. Si como yo has estado siguiendo el terremoto de México (fiascos incluídos) y los huracanes en el Caribe, y como yo te has preguntado por qué los medios limeños se empecinaron en pasarnos a cada momento esas imágenes de gente gritando despavorida creyendo que el mundo se les venía encima, estás en el lugar correcto para ver si despejamos la incógnita.

Pero antes, hagamos un rápido repaso de los eventos.

Primero, en México la tierra se remeció la noche del 7 para el 8 de setiembre últimos frente a las costas de los estados de Oaxaca y Chiapas, alcanzando una magnitud de 8,2, y el 19 se remeció Puebla con un 7,1 de magnitud pero que llegó a tener intensidad VIII en Ciudad de México, que significa muy destructivo.
Paralelamente, los huracanes Harvey, Irma y María barrieron casi todas las Antillas y el cuadrante sureste de los Estados Unidos, habiéndo sido el último el que barrió con Puerto Rico dejándola casi en escombros. Los tres eventos llegaron a tener categoría 5, la mayor en la escala existente para medir la fuerza de un ciclón.

Te había destacado en unas columnas atrás que las autoridades y los medios de los países afectados, si bien habían sentido el golpe, mantuvieron una política informativa basada en notificar qué podría pasar, qué hacer en caso pase y qué sucedió luego que pasó, con sinceridad y procurando no abonar el pánico. 

Quizás por un tema de extraterritorialidad, en Perú los medios nacionales decidieron que la mejor forma de mantenernos informados era darnos con palo punzocortante metiéndonos a la fuerza esas imágenes en las que el pánico llenaba todo el 16:9 de la pantalla en full-HD (tirando para 4K).

Sí, algo así como una violación visual, una suerte de penetración mental con desgarro en aras de la hiperhiperrealidad. Resultado: a más de una persona se le reactivó la psicosis que vivió durante las lluvias de El Niño Costero, al punto que el sábado cayeron cuatro gotas, y más de uno pensó que había que buscar urgente el Arca de Noé porque podría desaparecer la humanidad entera. Ni qué decir del chubasco del martes por la noche que causó taquicardias, modificaciones de testamentos y amagos de compras por pánico. Sí, exagerado, pero ese fue el sentir.

Ya ni hablo de las dos "alertas de sismo" que, curiosamente, eligen los miércoles como día ideal. Mmmmm... Qué raro, ¿no?, justo cuando el Ministerio Público anuncia investigación por un presunto esquema delictivo que involucra a congresistas y ex congresistas de Piura. Coincidencia nomás; tampoco seamos tan mal pensados. Sigamos.

Cuando uno cambiaba los canales de peruanos a mexicanos o estadounidenses (o puertorriqueños), sentía la pegada: ¿cómo era posible que desde Perú se apreciara una escena de película de desastre mientras en los lugares afectados se reconocía la tensión pero se sabía cómo actuar? ¿Cómo era posible que en Perú no sabías si en pantalla hablaba una presentadora de noticias o una pitonisa medieval mientras en los sitios bajo emergencia la meteoróloga te lo explicaba misma clase de Ciencias Naturales, o el geólogo te comparaba las cosas matemáticamente?

Quizás no hay que ser genio para tener una respuesta: a más miedo, más ganancia para el negocio de la construcción, que no ha crecido mucho en los últimos años, o los supermercados que deben estar asustados por la temporada baja que siempre supone ese raro periodo primaveral tras Santa Rosita y Halloween/Día de la Canción Criolla.

Y eso explica las compras de pánico, si es que la gente no empezó a sentir el pánico otra vez, lo que permitió que prosperara el mito del fin del mundo para el 23 de setiembre, o hizo que el 27 de setiembre y el 4 de octubre todo el mundo esperara su sismo 'customizado', como dicen los cultores del 'spanglish'.

Si crees en teorías de la conspiración, quizás pudiéramos decir que la intención fue claramente meterle terror a la audiencia para que se distrajera de las metidas de pata políticas que hay en los tres poderes del estado que dehjarían Día de la Independencia, Armaggedon, Impacto Profundo, Dante's Peak, Robotech, Mazinger Z y Los Gatos samurai al mismo nivel de papel higiénico usado. Recuerda que ahora el Ministerio Público cree que todos los partidos políticos están inspirados en Al Capone, y eso le crispa los nervios a cualquier político peruano que se (ir)respeta.

El caso es que esos medios peruanos en vez de aprovechar la experiencia mexicana, cuando menos (digo, acá no se producen huracanes ni a palos), para informarnos de los hechos y educarnos en todo lo que concierne a la prevención, nos informaron, educaron e hicieron lo indecible para que pesquemos pesadillas a la hora de hacer tutumeme. Interesante forma de ejercer el periodismo, ¿no?

Quien no soñó con Chucky, que levante la mano.

Y si le añadimos una sociedad donde el germen de la violencia brota al mínimo nivel de humedad, tenemos la mesa servida. Luego, cuando uno trata de ser veraz y equilibrado a la hora de informar, la gente cree que se está edulcorando el problema. Ni modo.

Pero si esperan que para hacerme creíble, tengo que ponerme mismo chamán madrugador, lo siento, eso no es ciencia, eso no es periodismo, eso no es servir a la comunidad. Es todo lo opuesto. Saquen su línea.

Mientras tanto, vas a tener que ponerte fuerte ante los contenidos de los medios que te producen miedo: es cierto que en algún momento volverán las lluvias de El Niño, es cierto que mientras vivamos en el Cinturón de Fuego del Pacífico la tierra tiemble (o salgan cosas del suelo en otras partes), es cierto que la Naturaleza suele mostrarnos quién es la reina de este planeta; pero también es cierto que si te preparas y asumes las cosas con serenidad, fuera del asombro, nada malo puede pasarte. ¿Apostamos?

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