Los méritos de Rosa y la batalla de Elizabeth

Nelson Peñaherrera
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ERP. (Por Nelson Peñaherrera Castillo). Imagina que un buen día la máxima autoridad de tu país dice que los carnets partidarios se discontinúan para postular a un cargo público y que solo pesa tu hoja de vida. Ya, si quieres algo más épico, imagina que le robas la hegemonía a un candidato que por 16 años ha tenido un escaño en el parlamento de tu región, y que contra todo pronóstico le volteas los comicios. ¿Increíble? Sí, pero es tan real como tú o como yo, y es la historia de Rosa y Elizabeth.

Rosa Gálvez es ahora senadora por Quebec, la provincia (equivalente a un departamento peruano) francófona de Canadá, y una de las más desarrolladas a nivel mundial, mientras que Elizabeth Guzmán es ahora representante en la asamblea del estado (ídem) de Virginia, unos de los cincuenta más influyentes de todos los estados Unidos.

Ambas son peruanas y son protagonistas de historias que un buen día rompieron el hastío causado por los afanes dictatoriales del Congreso peruano y la euforia casi frustrada de la selección peruana de fútbol, que nos sigue teniendo en suspenso de si pasamos o no al mundial. Pero, mejor ocupémonos de Rosa y Elizabeth.

En el caso de la primera, se trata de una científica que por más de tres décadas ha estado viviendo en Canadá y que un buen día se animó a postular a un escaño, luego que el primer ministro de ese país, Justin Trudeau (el equivalente a nuestro presidente de la República, pero con las cosas más claras en cuanto a derechos civiles y gestión pública) decidiera que las militancias no bastaban para llegar al parlamento; de hecho ya no eran necesarias. De ahora en adelante, solo mandaba los méritos que habías construído en vida.

Gálvez es ingeniera ambiental por la Universidad Nacional de Ingeniería, que hizo una maestría en Montreal (Canadá) y un doctorado en Filosofía también conseguido allá, y al ver esta nueva oportunidad, se animó, se presentó, llamó la atención de Trudeau (pronúnciese "Ttjjdó"), quien no se hizo paltas y la designó senadora. Según reportan medios, ella ha prometido poner todo su bagaje científico al servicio de una mejor legislación para un país donde las leyes se cumplen al pie de la letra y la gente no se trauma por ello, y donde además esta administración en particular está avivando largamente la promoción y el respeto a la diversidad. Bueno, aparte que Canadá ha sido un país progresista y ordenado toda su vida, entonces saquemos línea.

El caso de la flamante representante Guzmán más que recordarme la archimanoseada analogía de David y Goliat, me trae a la memoria la hazaña de Judit contra Holofernes: una mujer a la que todo el mundo consideraba frágil -o sea, caes chévere, pero no aspires a más-, y en base a astucia y convicción (entendida como la facultad de conservar y luchar tus razones antes que tus emociones) logró derrotar a su enemigo, el eterno relecto representante que pordécada y media parecía no desatornillarse del curul correspondiente a su distrito electoral.

Pero si eso no te sorprende, tendrías que considerar que el contrincante de Guzmán pertenece al Partido Republicano (el que, a pesar que ahora se arrepiente, puso a Donald Trump en la presidencia del país), y que predominaba en Virginia, un estado donde podemos meter casi cuatro departamentos de Piura bien apretujados. Y Guzmán, con una campaña más o menos franciscana, lo sacó del medio. Bueno, aunque como ella misma lo analiza, mucho manda la coyuntura estadounidense donde el partido de gobierno se ha devaluado de lo lindo gracias a la nefasta gestión de su... bueno, de eso que dice gobernar en la Casa Blanca.

Vale la pena indicar que la campaña de Guzmán se basa en la promoción de la familia y la visibilidad de la comunidad hispana dentro de los cánones del Partido Demócrata, que es la fuerza política más progresista en oposición a los republicanos que tienden a ser más conservadores (cuando les conviene).

Por supuesto que una cosa es llegar, y otra bien distinta es cómo te vas a desempeñar, y mucho más distinta es qué logros vas a conseguir, que, a la postre, es lo que mandará.

Mientras tanto, más que mirar a Rosa y elizabeth con orgullo, creo que esta primera victoria de ambas compatriotas debe animarnos a plantearnos metas muy altas, ésas con las que podemos mejorar al mundo, en todo el sentido literal de la expresión.

Y, por qué no, exigir que la composición de nuestros cuadros políticos no se base solo en tu carnet ni en cuánta plata tienes para financiar tu campaña, sino en cuántos méritos tangibles ofreces como persona y profesional para marcar una diferencia positiva en la comunidad, y cuál es tu actitud para superar las dificultades, no importa el tipo ni el tamaño. ¡Arriba Perú!

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