No necesitamos dictaduras sino autoestima

Nelson Peñaherrera
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ERP. Nelson Peñaherrera Castillo. Hace unos días leía en el muro del presidente de una de las cuchomil organizaciones en que se ha atomizado la movida juvenil de 2012 en Sullana, que había "decidido" que los miembros de su grupo se integren a la marcha que se realizará el sábado 25 para protestar contra la violencia hacia las mujeres. ¿No notas nada raro? Mmmm... estamos en serios problemas.

Si tras releer el párrafo anterior sigues sin darte cuenta dónde está el rompemuelles, la respuesta es sencilla: en el uso del verbo 'decidir'. Ojo, no en el verbo; en el uso, es decir en la actitud.

No hace falta tener un diploma en Filología para entender el significado de 'decidir', ¿no? Ya sabes: optar entre dos o varias alternativas. El tema es qué pasa cuando tú decides sobre las decisiones del resto; en otras palabras, qué pasa cuando tu voluntad prima sobre la voluntad de los demás.

Si bien es cierto en toda organización existe algo llamado principio de autoridad, que puede definirse como el respeto que tenemos sobre el liderazgo y las reglas que rigen un colectivo humano en particular, también es cierto que la base de este principio es la democracia. Por lo menos, para quienes creemos en el 'gobierno de la comunidad' (la acepción es mía), el tema pasa por un proceso de consulta, y sobre ese proceso optar por una alternativa: en todo caso se trata de una decisión conjunta o consensuada pero no de una decisión personal y sumaria.

Ahora bien, qué pasa cuando a pesar que la mayoría piense A, yo pienso B. En un entorno democrático tus alternativas son someterte a la voluntad del resto, abstenerte de seguir la voluntad del resto o disentir abiertamente de la voluntad del resto. Ninguna de esas posiciones es mejor que la otra, en todo caso la diferencia y la valoración estriba en cómo asumas y ejerzas cada una de esas alternativas; y en la medida que tu posición no dañe a terceros, el resto debe respetarte aunque no esté de acuerdo contigo.

Aterricemos: para muchas personas como yo, el combate a la violencia contra la mujer, la violencia basada en género, violencia de género, en fin, como creas que mejor te suena, es una posición de clarísimo combate con las herramientas que el estado de derecho -el ambiente en que las cosas se rigen con sentido de justicia y equidad- me proporcionan. Dicho en sencillo, yo estoy abiertamente en contra del uso de la violencia venga de donde venga.

Pero esa es MI posición, nacida de mi proceso de reflexión, basada en razones que me han generado una convicción. Disculpen la cacofonía sutil.
Puede que estés a favor, y chévere (mas bien, avisa); pero, también puede que no estés a favor. Aunque considere que tu posición es cuestionable y combatible, es TU posición, la que debo encarar con firmeza y respeto: fortaleciendo y defendiendo mis convicciones para oponerme a las tuyas sin faltarte el respeto en absoluto (digo, sería la mayor incoherencia, ¿no?).

Y allí está el meollo del asunto, el respeto a las convicciones ajenas.

Yo no puedo salir públicamente a decir que, si acaso fueras parte de mi equipo de trabajo, yo "decido" que tú apoyes mi convicción porque supuestamente ejerzo autoridad sobre ti. Ni qué decir en privado porque sería violencia a gritos.

Aunque hice el comentario indirecto en mi muro, este chico no entendió, o a lo mejor sí lo entendió pero miró de lado. el caso es que cuando volví a poner otro estado donde criticaba la actitud dictatorial del Congreso de la República, comentó que hay mecanismos de control para evitar el triunfo de la tiranía sobre la democracia. De inmediato me pregunté si acaso era una respuesta indirectamente subsanatoria, o si era una reacción condicionada por el afán de no ser tachado como silente ante lo que se nos viene. No me corresponde ni dar ni valorar la respuesta; queda en la conciencia del individuo.

Nadie tiene derecho a "decidir" sobre nuestras convicciones del mismo modo que yo no lo tengo sobre las tuyas. en todo caso, lo que podría decir es que sugiero que te incorpores a mi causa si acaso te identificas con ella; pero si no, ¿qué le vamos a hacer: admitir la hipocresía para hacer bulto?

Alguien que sepa de psicología, que no esté haciendo corto circuito con su propia salud mental, y que tenga una formación más liberal, podrá explicar qué se cocina en la cabecita de estos líderes y estas lideresas que en realidad han creado pequeños caudillismos basados en la egolatría, el populismo, la 'selfiecracia' y la incapacidad de renovar sus propios cuadros.

Como se lo dije en su cara al autor de la "decisión", si su intención es luego hacer carrera política, está en todo su derecho, pero que lo haga de abajo hacia arriba para luego hacerse horizontal, no desde arriba y más arriba para armar una ineficiente estructura vertical. éso es dictadura.

Y ojo que eso lo dice un tipo tan narcisista como yo, que a porrazos aprendió cómo trabajar en equipo, pero cuya aspiración -tranquilos, candidazos y candidazas- es seguirte contando interesantes historias que terminan impactando a nivel mundial, y enseñarle a la gente cómo hacerlo. Claro que no pretendo ser ejemplo, ni referente, pero si me sigues, chévere; si no me sigues, ni modo, por eso se llama democracia.

Lógicamente, para llegar a tener esa convicción particular se parte de conocerse uno mismo, aceptarse, quererse y saberse proyectar. Eso se llama autoestima. Y ahí vamos aprendiendo cada día algo nuevo, con porrazos y todo.

(Opina al autor. Síguelo en Twitter como @NelsonSullana)

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