Las 3 lecciones que me dejan un huracán y un terremoto (en vivo)

Nelson Peñaherrera
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ERP/Nelson Peñaherrera Castillo. Dos eventos naturales han marcado la agenda informativa latinoamericana de los últimos días, y, para ser honesto, mi propio interés como periodista: el huracán Irma que asoló el Caribe y la Florida, y el terremoto que arruinó la costa sur de México. La razón por la que me enfoqué en ambos hechos está muy relacionada con lo que vivimos el verano pasado con el llamado El Niño Costero.

De hecho me concentré en tres variables: la reacción de las autoridades, la respuesta del público y la cobertura de los medios de comunicación.

Quizás hemos estado más enterados sobre Irma porque, entre otros factores, le pegó a Estados Unidos, y pase lo que allí pase, siempre se difundirá globalmente con mucha eficiencia. Pero no se trataba de cualquier evento natural: imagina una ráfaga de viento de 300 kilómetros por hora, cinco veces más fuerte que nuestros ventarrones más fuertes dentro de Piura, y lluvias torrenciales el doble de torrenciales que las recibidas en Piura el último verano.

El huracán o ciclón (son sinónimos) había alcanzado la categoría 5, la mayor de la clasificación dada por los científicos; en su mayor momento era tan extenso como cinco departamentos de Piura (cada departamento a razón de 36 mil kilómetros cuadrados o 36 millones de hectáreas), y cuyo diámetro llegó a tener unos 600 kilómetros, algo así como ir por aire de Piura a Chimbote o un poco más allá.

Barrió y lavó, literalmente, las Antillas, de milagro rozó a Puerto Rico y República Dominicana, tomó por asalto Cuba, las Bahamas y luego casi todo el estado de la Florida hasta desvanecerse sobre su entidad vecina, Georgia, todavía dejando vientos fuertes y lluvias torrenciales. Aún no se termina de cuantificar la destrucción aunque ya se tiene una idea de las víctimas mortales: unas 80 en todo su recorrido. Sí, 80, aunque no se descarta que aparezcan más.

Sobre el sismo de México, estamos hablando de un 8,2 de magnitud con epicentro frente a las costas de los estados de Oaxaca (se pronuncia Oajaca) y Chiapas, en la costa del Pacífico de esa nación, y que trajo al recuerdo el 8,1 ocurrido hace exactamente 32 años aunque con epicentro un poco más al norte, frente a las costas del estado de Michoacán; solo que mientras el de 1985 pasó poco antes de las ocho de la mañana, el de la semana pasada se registró poco antes de la medianoche (ambos en tiempo local, por ahora el mismo de Perú).

Aun así, las diferencias de víctimas mortales son dramáticas: más de 30 mil en 1985 contra las casi cien extraoficiales de este año. Y ojo que Oaxaca y Chiapas son dos de los estados más pobres de esa federación.

Aún hoy los mexicanos comentan que setiembre de hace 32 años fue una dolorosa lección que les llevó a invertir millonadas en prevención, nuevos códigos de construcción y educación ciudadana, incluyendo una alarma antisísmica que avisa justo 60 segundos antes. En el caso de Irma, el referente más próximo, por lo menos para los floridanos, fue el huracán Andrew, que asoló Homestead, una ciudad a 55 km al suroeste de Miami en agosto de 1992, y que también significó un cambio de paradigma en cuanto a códigos, protocolos y reacción.

En la costa de Piura ya hemos vivido dos eventos fuertes el Niño en 1983 y 1998, lo que deja sentado que ya tenemos horas de vuelo en esos mismos términos; pero la sensación general es que no hemos aprendido lección alguna y más bien reincidimos en los mismos errores. ¿Alguien sabe si tenemos protocolos específicos en caso de lluvias torrenciales además de "corre por tu vida"?

Pero tal cual comenté al inicio, yo estaba pendiente de tres variables, y de hecho puedo extraer tres lecciones preliminares que debemos profundizar seriamente porque no solo son competencia de las autoridades en particular sino que involucran a toda, absolutamente toda, la colectividad en general:

1. Autoridades que hablan con criterio

La mañana que el huracán Irma amenazaba darle con todo a Puerto Rico, el gobernador Ricardo Roselló salió a dar una larga conferencia de prensa en español e inglés (recordemos que la entidad es un territorio de los Estados Unidos), un prolijo informe que puede resumirse en este esquema: a) qué está pasando, b) qué estamos haciendo, c) qué queremos que hagan ustedes, y d) dónde hallar más información.

No fue un rosario de supuestos, lamentos y acusaciones, sino cosas puntuales, dichas en sencillo y con un tono de voz empático. Detrás, todo su gabinete de crisis listo para responder preguntas puntuales si acaso se necesitaba profundizar un aspecto en especial. Aquí la participación del funcionario: https://www.youtube.com/watch?v=2-J4LHBjmGo

Estaba claro qué instancia iba a encargarse de qué tema, qué zonas debían tener mayor cuidado y qué hacer si pasara cualquier eventualidad. No había filtros extra por redes sociales, nadie se disparaba elucubrando o queriendo robar cámara, y estaba claro que tenía que transmitirse seguridad a la población aunque la emergencia no pintara un escenario favorable.

No se trataba de anestesiar a la gente, sino de liderarla.

2. Población organizada que hace caso:

Aunque el Caribe siempre sufre huracanes por esta época del año (cuando ellos están en verano), la población no solía seguir las recomendaciones de las autoridades. Y como no nos gusta aprender por las buenas, terminamos aprendiendo a porrazos.

En esta oportunidad la gente fue a los albergues cuando se les dijo que tenían que ir, y éstos ya estaban disponibles de manera oportuna; adicionalmente, las fuerzas locales del orden trabajaron activamente perifoneando e instando a la gente que se resistía a desalojar las zonas de peligro.

Incluso hubo una consigna que podría parecer cruel pero que guardaba mucha lógica: "eviten llamar al 911 durante el momento mismo de la emergencia porque no podremos ayudarlos". Y no era por maldad, sino porque los equipos de rescate iban a estar en riesgo en su afán de salvar vidas (¿mencioné vientos de 300 kph capaces de transformar pacíficos basureros en balas?), así que el remedio habría sido el doble de la enfermedad.

Pero, mucho antes, y año a año, los gobiernos cambiaron los códigos de construcción exigiendo estructuras de alta resistencia so pena de multa, y allá cuando te clavan una multa, te la clavan y no hay quién te la quite.

En el caso de México, apenas la gente oía la alarma antisísmica en sus edificios o por la televisión, salía toda a ocupar las zonas de emergencia en el medio de las calles, tal como frecuentemente lo ensayan en simulacros, muchos inopinados. Claro que hay quienes se resisten, pero ya hay cuadrillas encargadas de desalojar por las buenas a quien quiera quedarse por las malas.

En todo Piura, el único caso que conozco donde ya están aplicando este protocolo es la Universidad de Piura. Como digo siempre, si otras oficinas o barrios están aplicando el suyo propio, pasen la voz a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. y me encargo se lo publiquen sí o sí.

3. Medios que informan y educan sin generar sensacionalismo:

Durante el paso de Irma tanto en Puerto Rico como en la Florida, las estrellas de las coberturas no eran reporteros sin entrenamiento ni conocimiento arriesgando sus vidas en vivo; de hecho, la mayor cantidad de minutos al aire se los dieron al meteorólogo, armado con sus gráficas animadas por computadora y datos claves, evidentemente coordinados con la autoridad competente (en este caso, el Centro Nacional de Huracanes, en Miami), el que a su vez tenía boletines horarios en su sitio web y las redes sociales. O sea, imposible decir que nunca me dijeron (como pasó en Piura).

Mira esta cobertura de Telemundo Puerto Rico: https://www.youtube.com/watch?v=ZEF73lqEGtc

A eso le sumamos que los reporteros cubriendo el antes, el durante y el después del huracán son profesionales que ya han estado levantando información en este tipo de emergencias, sabían qué hacer exactamente (y por lo mismo orientar a sus audiencias), dónde estaban ubicados (lo que permitió mejorar el rastreo geográfico), y cuáles eran las condiciones actuales del tiempo tanto como los antecedentes meteorológicos de cada zona. Nada de armar un reality show, ni alarmar a la gente, ni demostrar ignorancia (como muchos periodistas limeños cubriendo una lluvia en la plaza de armas de Piura).

Mira a José Díaz-Ballart, el presentador principal del Noticiero Telemundo, reportando en el centro de Miami: https://www.youtube.com/watch?v=KWpJnYrOKVs

Mención honrosa merece el presentador de ForoTV, la cadena de noticias de Televisa, a quien el terremoto lo sorprendió al aire, y lejos de alarmarse, lo cubrió en vivo haciendo hincapié en qué debía hacer la población para ponerse a salvo, sin meter miedo sino serenidad. Mira el video: https://www.youtube.com/watch?v=LiJInSZrXPM

Por cierto, México tanto como Chile tiene varios ejemplos de qué tenemos que hacer los periodistas cuando la tierra tiembla y estamos al aire.

Claro que éste es un análisis preliminar y vamos a irlo afinando conforme pase el tiempo. A lo mejor podemos hacer un taller o alguna actividad de fortalecimiento de capacidades para entender mejor estos aprendizajes. Lo importante es que sí se pueden minimizar los impactos negativos de los desastres naturales y tenerlos bajo control, evitando que se transformen en catástrofes sociales.

Cuando se cruza esa línea, es cuando comienza la desunión.

(Opina al autor. Síguelo en Twitter como @NelsonSullana)

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