Lo que callamos los ronderos

Nelson Peñaherrera
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ERP/Nelson Peñaherrera Castillo. Si se te ocurre la barrabasada de robar una vaca en una comunidad campesina y la ronda te atrapa, es probable que te apliquen sus famosas arrobas de vetazos; quizás proporcionales al peso de la vaca, o sea, a más arrobas, más vetazos. Pero, ¿y si fueras un hombre de más de 30 años que sostiene relaciones sexuales con una niña de 13? No pasa nada, es decir nada que no puedas resolver con un 'arreglo'.

El 'arreglo' en jerga de comunidad campesina, al menos las piuranas, consiste en que tú das dinero o algún bien a cambio de reparar el daño que has causado.

¡Sí! Si violas a una niña, pagas a la familia y caso cerrado; pero si robas una vaca, alista tu espalda para recibir los vetazos. No leíste mal: una vaca vale más que una niña. ¡Sí! Una vaca robada vale más que una niña violada.

Este jueves, una chica de 13 años procedente de Sapillica (Ayabaca) tuvo que dar a luz por cesárea en el Hospital MINSA de Sullana. Hasta donde se ha podido investigar, el padre es un sujeto de más de 30 años, conviviente, con hijos. 

No tengo claro si el caso ha sido notificado a las autoridades porque mientras una fuente defensora de los derechos humanos en nuestra ciudad me dijo por teléfono que aparentemente lo están viendo las autoridades de Ayabaca y hay un abogado de oficio, otras fuentes me manifestaron que las personas apoderadas de la niña estaban esperando a que el agresor 'arregle'.

No es un caso aislado. El año pasado conté por acá uno parecido, también en Sapillica, de otro treintañero que decidió secuestrar a una adolescente de 13 porque, bueno, porque le gustaba, ¿ya? 

La familia al inicio hizo toda la alharaca y hasta se le exhortó a denunciar el caso marcando 100 (línea gratuita del Ministerio de la Mujer); pero de pronto, la indignación se desvaneció. Indagando, llegamos a saber que de éso no se hablaba más porque ya estaba 'arreglado'.

Por lo visto, en la lógica de algunas personas dentro de las comunidades campesinas piuranas parece haberse hallado el método más 'eficaz' para resolver los delitos relacionados con la violencia de género (piña quien se enronche por el término): si agredes física, psicológica, económica o -especialmente- sexualmente, 'arreglas' y ¡ya!

¿No habrá una rebajita por Primavera?

Y no solo pasa en Sapillica. Hace tres años denuncié por esta columna el 'tumbalapela', una modalidad de violación sexual recurrente en las comunidades campesinas del Alto Piura, donde el truco es que embosques a tu víctima en un descampado, y como no hay testigos, es la palabra de tu víctima contra la tuya.

Y como tú eres hombre, siempre vas a tener las de ganar... o si no, ¿arreglas'.

Las comunidades campesinas están repletas de reivindicaciones por sus derechos ancestrales, los que -hay que decirlo- podrían ser justos y atendibles tan pronto como las condiciones lo permitan. Sin embargo, en el paquete de pedidos no suele haber una sola línea pidiéndole a las autoridades que fortalezcan capacidades para prevenir la violencia de género en todos sus tipos. Quien sí la tenga que me la mande a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. (Atención: Nelson Peñaherrera) que hago se la publiquen de inmediato.

Menos hay reclamos del tipo "que los operadores de justicia trabajen estrechamente con las entidades de justicia campesina para perseguir y penalizar las faltas o delitos relacionados con la violencia de género", pero sí se habla del abigeato, la titulación, los créditos agrarios, cosas que -insisto- son importantes, pero que pasan a segundo plano cuando hablamos de la vida de una persona.

Incluso se recibe como héroe a Gregorio Santos (mis fuentes aseguran que estuvo por nuestra sierra estos últimos fines de semana) para que se despache con el trasnochado rollo de la lucha de clases, los ascos a la globalización y la imposición del socialismo. ¿Y sobre la violencia de género dijo algo?

Y, ojo, quien crea que éste es un fenómeno rural, lamento decirle que en la parte urbana también tenemos el amancebamiento, en que 'respetables' treintones o cuarentones parecen ser mecenas de chicos y chicas menores de edad con anuencia de padres y madres. Que nos hagamos los ciegos es otro tema, pero existe.

La inconsciencia del hombre de Sapillica (¡por favor, se supone que un adulto siempre debe actuar con prudencia y responsabilidad!) ha destruído la vida de una menor de trece. ¿Qué neurona estará mal conectada en el cerebro de este 'macho'? Quién sabe. El hecho es que ya hizo daño, hay un delito, y aquí el único arreglo posible es que se presente a las autoridades competentes, las que, a su vez, deben aplicar la justicia penal que corresponde. Otro tipo de negociación no debe permitirse.

Las comunidades campesinas deben incorporar en agenda estos temas no por obligación ni por compasión ni por relleno sino porque es la mejor forma en que las personas vivamos dignamente y podamos desarrollarnos plenamente. Si no se entiende o no se quiere entender, entonces que la justicia haga su parte.

Una vaca, por más lechera que sea, jamás será más importante que la vida de una persona, especialmente si es una niña.

(Opina al autor. Síguelo en Twitter como @NelsonSullana)

Foto: Internet Medios.