¿Por amor a la gente o por amor a la 'selfie'?: poniéndole orden a la solidaridad

Nelson Peñaherrera
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ERP/Nelson Peñaherrera Castillo. La ayuda a los damnificados por las lluvias e inundaciones en Piura llega de todos lados, se va a todos lados, ocupa a voluntarios de todos lados.... y ha comenzado a generar cierto desorden por todos lados. Por eso, esta semana ocurrieron dos cosas que buscan no crear otro caos dentro del caos que ya se vive, especialmente tras la histórica creciente del río Piura el lunes 27 de marzo.

Primero, la pública, el anuncio de que las Fuerzas Armadas serían las encargadas de repartir la ayuda pues se había detectado que ciertos damnificados, y gente que para nada lo era, estaba aplicando la modalidad de la ruleta o la faja de maletas: recibía una vez, recibía dos veces, recibía tres veces.... y por cada vez que recibían de nuevo, el mismo número de familias se quedaban sin nada. Además está el episodio de vandalismo sobre un helicóptero con ayuda y los conatos de saqueos en Paita y Castilla.

La segunda, más 'solapa', fue una reunión que se convocó con todas las organizaciones que están canalizando ayuda y la están llevando a los damnificados. Resulta que estaban colaborando, espero que sin quererlo, a ese 'ruleteo'; entonces, resulta que en un mismo lugar, los damnificados estaban servidos hasta tres o cuatro veces en un día mientras que en otras partes nada. ¿Por qué? Porque estas organizaciones se lanzaron al romanticismo y la aventura y se olvidaron que en emergencia se trabaja con logística y coordinación.

Por lo tanto, se les pidió reunirse y aparecieron como medio ciento, incluyendo la que lidera la esposa del gobernador Hilbck. El mensaje era simple: compartir toda la información posible para conseguir que las ayudas lleguen de manera eficaz y eficiente tratando de beneficiar a quien realmente lo necesita y cubriendo la mayor cantidad de población posible.

Mis fuentes me cuentan que la mitad lo entendió y decidió ingresar en esa suerte de coordinación; la otra mitad, temiendo que se les quitara el protagonismo, hizo pataleta, acusó a los convocantes de querer salir en la foto y decidieron seguir con lo mismo.

Por cierto, ¿se enteraron de la congresista que llegó a un campamento de damnificados y se puso a dirigir a todo el mundo sin llevar un gramo de ayuda, con su asistente de prensa tomándole fotos? Menos mal que la comunidad la paró en seco y la obligó a replegarse. Bueno, no sería la primera vez que querría ganarse el cielo con avemarías inexistentes. Sigamos.

Hay dos cosas que tenemos que meternos en la cabeza en tiempo de emergencia como ésta: primero, contribuir con lo mucho o poco que podamos a resolver problemas, no a crear nuevos; segundo, y en ese sentido, a ayudar a que el resto entre en esa dinámica, aún siendo la parte damnificada. Ojo, no estoy diciendo que ignoremos el desastre, sino que sepamos cómo actuar por nuestra cuenta en apoyo a la asistencia oficial.

Hay gente que sí lo entendió y voy a estar compartiendo sus historias aquí en El Regional de Piura conforme las vaya terminando. Entonces, sí se puede asumir cierta proactividad y desarrollar resiliencia (sobreponerse a la adversidad) en medio de lo mal que nos vaya.

Dicho en resumen: sí necesitamos voluntarios que nos ayuden e inspiren, pero también necesitamos que aprendan a trabajar dentro de microorganizaciones y macroorganizaciones para que la emergencia se administre con eficiencia y eficacia, no con más trabas y sin resolver allí donde realmente hace falta. Y por supuesto, sin personalismos: no es época para hacerse autobombo.

(Opina al autor. Síguelo en Twitter como @nelsonsullana)