Causa de muerte: el laissez-faire

Nelson Peñaherrera
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ERP. Nelson Peñaherrera Castillo. Podría parecer una infidencia lo que diré, pero la verdad es que varias organizaciones sin fines de lucro de carácter privado tienen instalada una lupa enorme sobre la Dirección Subrregional de Salud Luciano Castillo Colonna, la DISA como es más conocida, cosa que no tiene por qué extrañar ya que al ser una institución pública se somete al escrutinio pormenorizado de sus acciones, omisiones, aciertos, fracasos, premios y represalias.

La propia DISA encendió las alarmas el año pasado cuando fue protagonista de varias patinadas que provocaron mucha indignación evidente pero casi cero reacción correctiva.

Cómo olvidar que mientras unas 60 personas de Sapillica eran carcomidas por la leishmaniasis, en Sullana se limaban las uñas sin pedir medicina que curiosamente sí tenía Piura.

Tampoco se puede olvidar el caso de toda la medicina que se malogró por vencimiento, a pesar que en los servicios de farmacia, como el del Hospital de Sullana, nunca tenían el inventario abastecido... o al menos eso le decían a los y las pacientes, estimulando el negocio (¿negociazo?) de las farmacias privadas de la avenida Santa Rosa.

Lo que aprendimos con el caso del ex asesor presidencial despedido por negociar con la salud de las personas, es que el problema en todas las redes asistenciales no es la ley ni los reglamentos ni los protocolos. Acaso Salud es uno de los sectores que más sobrado anda de ellos. Incluso tiene leyes para entender las leyes que entienden otras leyes. Así de parametrados están.

Entonces, si ante el ordenamiento siguen cometiéndose errores, lo que tenemos como X en nuestra ecuación es el factor humano, y ahí una de dos: o el personal es super incompetente o es super desacomedido. Si se combinan las dos, ¡mamita!, no es negocio enfermarse en Ayabaca, Paita, Sullana y Talara, o el resto de la región.

¿Un botón de muestra? el primer caso de muerte materna en todo Piura que se registró (fanfarria... trrrrrrrrr... ¡plash!) ¡en Sullana!

A inicios de esta semana, una mujer talareña de 25 años falleció en el Hospital de la avenida Santa Rosa (aunque un funcionario intentó contarnos otra historia inicialmente), lo que provocó el sinceramiento del director regional de Salud (se agradece), quien deslizó la posibilidad de que la paciente hubiera fallecido porque se le administró una medicina que no se le debió administrár, lo que le causó una reacción alérgica generalizada fulminante conocida como choque ('shock' para los afectados) anafiláctico.

A pesar de su cautela, el director de Salud no ocultó sus reparos por la gravedad del caso, ya que, en sus palabras, esta muerte se pudo prevenir. Y 'prevención' es nuestra palabra de esta semana.

Ahora bien, teniendo en cuenta que las otras muertes maternas que hemos reportado durante 2016 se dieron en su mayoría en el mismo nosocomio, la pregunta persiste: ¿todas pudieron prevenirse?

Si la respuesta fuera "sí", ¿por qué diantres no se previno, y por qué desconocemos si hay gente sancionada por no prevenir?

Solo quiero recordarles el caso de la mujer que acababa de tener su parto número 12, gemelos para más señas, 34 años, venida de la zona rural andina, a la que se le llenó de sangre todo el abdomen. Hay una denuncia penal por ese caso, ya que se acusó al especialista de no chequearla al minuto por ser de alto riesgo.

Tampoco olvidemos la mujer de Salitral que asistió a toditos sus controles con el esposo incluso (el manido argumento de la DISA es que el machismo y el descuido de las mujeres son causa de las muertes maternas), y aún así se les murió porque la presión se elevó y no pudieron controlarla. ¿No pudieron controlarla? ¿Y la historia clínica no decía nada? O sea, ¿la vieron y por intuición decidieron tratarla?

Si el factor humano está fallando en el sistema controlado por la DISA, ¿por qué no se informa a la población sobre medidas ejemplares que permitan evitar que más mujeres mueran? ¡Estamos hablando de vidas humanas!

Por cierto, qué milagro que los pro-vida que hacen aspavientos cuando las mujeres deciden hablar de equidad de género no han dicho una santa palabra. Ni una en absoluto. Si su bandera es la natalidad a ultranza y la homofobia políticamente reprimida, y la defensa de una embarazada es su mejor argumento en contra de la ideología de género, ¿por qué diablos no han dicho nada sobre este tema? ¿por qué no han marchado pidiendo que el Comité de Muertes Maternas explique públicamente si está apañando o no a los ginecólogos? ¿no es pecado dejar morir a alguien por negligencia? Sin duda, la incoherencia en dos patas, a menos que ustedes estén coludidos con estos ¿profesionales?

Lo dicho, entonces, parece que lo que está cegando las vidas de la gente en los servicios piuranos de Salud son la incompetencia o indiferencia de su personal, personal donde mientras más pisahuevos seas, más prerrogativas tienes.

La DISA está bajo vigilancia ciudadana, que lo sepa, y no tiene derecho a chistar porque es entidad gubernamental y es lo mínimo que nos toca como ciudadanía.

Parece que el director regional de Salud tiene la intención de hacer las cosas bien, si no, no se explica su súbito acto de sinceridad con la prensa.

Actúe y hágalo ya, antes que tengamos la rabia de informar la segunda muerte materna, o el nuevo caso de leishmaniasis, o una nueva infección intrahospitalaria, o un deceso por choque de calor, o por dengue, o por lo que sea. Porque para quienes tenemos un rayo de humanidad, informar una muerte que se pudo prevenir da rabia.

Son personas que trabajan con personas, no con ratas de laboratorio.

(Opina al autor. Síguelo en Twitter como @nelsonsullana)