Necesitamos dinero para ganarle la guerra a la ignorancia

Nelson Peñaherrera
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ERP/Nelson Peñaherrera Castillo. Calificado como inédito, esta semana cientos de científicos marcharon en Madrid, España, pidiendo más dinero para investigar e innovar; además, hace una semana leí que se va a subvencionar al personal médico peruano que esté investigando enfermedades, lo que para dirigentes gremiales es insuficiente pues solo cubre al 2% de los y las profesionales.

Para dar un poquito más de contexto, los científicos en España sienten que el dinero invertido en saber más se ha ido reduciendo en los últimos años, lo que para algunos comentaristas peruanos ha encendido las luces de alerta ya que representa un avance progresivo de la ignorancia sobre el conocimiento; y la ignorancia ha ganado mucho terreno últimamente al punto que, en promedio y según las últimas evaluaciones internacionales, solo en nuestro país uno por cada diez estudiantes tiene las ganas de hacer ciencia.

Sobre la subvención para quienes investigan enfermedades, un amigo y profesional en medicina me comentaba esta semana que suena bien, pero que la norma no lo cubre ya que solo se enfoca en médicos y enfermeras, cuando buena parte de la investigación científica la está haciendo personal con carreras médicas, como psicólogos u obstetras, cuyo aporte ya comenté en esta columna anteriormente y que se puede verificar navegando un poquito por la Internet.

Por eso es que dirigentes del sector, aquí en Perú, están pidiendo que el beneficio sea más inclusivo; y creo que tienen toda la razón. Lo digo más porque me consta directamente su utilidad, no por una creencia altruísta a secas.

Aunque los hechos en España y en nuestro país podrían ser contradictorios por el tema y lejanos por la distancia, en realidad se enmarcan dentro del mismo tópico: fondos para hacer ciencia. 

Ya comenté antes por aquí que es importante aportar dinero para investigar y publicar porque la ciencia cumple un papel crucial en el diseño de políticas públicas: contribuye con elementos objetivos que permiten valorar adecuadamente las acciones que gobiernos y comunidades han de realizar por el simple hecho de alcanzar el estado de bienestar (cf. www.factortierra.net/somos.pdf).

Y lo interesante del asunto es que la ciencia tiene un campo de acción virtualmente ilimitado, entonces sus posibilidades son casi infinitas y sus impactos siempre van a redundar en elevar la calidad educativa, los indicadores micro y macroeconómicos, y el estilo y la calidad de vida. Su ventaja es que tales impactos son sostenibles a largo plazo. 

Ahora que buena parte del Perú ha sido puesto a prueba por la Naturaleza y exige un rediseño radical o una intervención sanitaria más urgente, es precisamente tiempo para que la ciencia reciba fondos y permita que las soluciones aplicables a nuestra comunidad realmente cubran necesidades, protejan a largo plazo y se conviertan en modelos que podamos exportar, puesto que el capital de esta época -como lo señalan los visionarios actuales- es el conocimiento por encima de las materias primas.

¿Un ejemplo? el proyecto de la UNP para hacer repelente de nim, especie introducida por el finado Godofredo García Baca, que ha prosperado en nuestra costa lo mismo que el algarrobo. ¿Qué me dicen de la moringa, o la pitaya, o la jatrofa, o la soya orgánica? Por ahí me enteré que Udep está viendo el tema de energías renovables. Tenemos suficientes posibilidades para marcar tendencia continental, cuando menos.

También tenemos los mecanismos de cooperación, como el sugerido por un ex candidato a gobernador, para que el sistema piurano de salud se alíe a una universidad ecuatoriana y reduzca -dice- el tiempo de diagnóstico de los casos de dengue de 14 días a 48 horas. "Tenemos que salvar vidas", ha recalcado.

Lo ideal es que la revolución científica, y por ende la formación de una demanda ávida de ciencia, comience por los centros superiores de estudios (y yo diría que desde la educación básica, incluso), pero dependerá en gran medida de nuestro cambio de mentalidad como personas más que de voluntad política: si no demostramos que queremos investigar e innovar y lo sostenemos con mucha convicción, jamás los políticos nos tomarán en serio; mucho menos las fuentes de financiamiento, que están por ahí dispersas en el planeta.

El mundo de la ciencia es fascinante, e inyectándole fondos deja de ser un ideal romántico, y no por éso inútil. Mientras tanto, desde espacios como El Regional de Piura o FACTORTIERRA.NET vamos a seguir mirando con entusiasmo e interés esas historias que nos permiten ir derrotando a la ignorancia y reconquistándole el terreno que nos está usurpando.

(Opina al autor; síguelo en Twitter como @nelsonsullana)