ERP. Las generaciones actuales no han tenido las experiencias que pasaron sus padres, abuelos y bisabuelos, frente a un mundo dividido y enfrentado por intereses no solo económicos e ideológicos, sino por la desigualdad que muchos mantenían, aferrados a la división del trabajo de acuerdo al sexo, y a las ocupaciones que únicamente se perfilaban para los varones.
Por Miguel Arturo Seminario Ojeda
Responsable del Museo Electoral y de la Democracia de la DNE del Jurado Nacional de Elecciones
Actualmente ese mundo ya no pervive, quedan rezagos de su existencia, pero no en la dimensión que se vivía a comienzos del siglo XX, ni siquiera de cuando se entró a la segunda mitad de la vigésima centuria, grandes cambios alteraron la estructura social, y en el universo de delegar poder a sus autoridades, el mapa electoral ya no es el mismo desde 1956.
Una mirada hacia la historia de la democracia
Las primeras elecciones que protagonizaron los peruanos en 1809 y en 1810, no fueron en condición de ciudadanos, sino de súbditos, no se había aceptado mayoritariamente el concepto de ciudadanía, que hoy, como una categoría social, nos permite entender al mundo, sobre todo, en momentos de tomar decisiones, al delegar poder político.
La ciudadanía como una realidad manifiesta, se asoma para los hispanoamericanos, en 1812, condición consagrada en la Constitución de Cadiz, al considerarse aptos para votar, a los indios, negros libertos, blancos, aunque fuesen iletrados. Es decir, fueron elecciones con inclusión social, aunque las mujeres no votaban, obedeciendo a un criterio mental universal.
La ciudadanía para los varones comenzó en 1812, y con asomos de inclusión social, por lo ya referido, y porque la Constitución de 1812, fue leída en quechua, en las localidades donde la mayoría era quechua-hablante, indudablemente, que también se leyó en castellano, previa celebración de la Misa de Espíritu Santo, rogando que inspire en los ciudadanos, el discernimiento necesario, para elegir a autoridades competentes.
La mujer y la ciudadanía
La ciudadanía para la mujer fue uno de los logros más notables alcanzado por las propias mujeres en el siglo XX en el Perú, no fue una concesión del presidente Manuel Arturo Odría, no fue ocurrencia suya, ni de alguien de su entorno.
La mujer siempre estuvo en la lucha por sus derechos, y pese a que se le relegó del escenario político, nada de eso detuvo el ímpetu con el que se movieron y organizaron aquellas a quienes se considera precursoras de esa lucha que en 1955 coronó el esfuerzo de las que confiaron en ese cambio, de incorporar a la mujer al ejercicio de la ciudadanía, tal como la vivían los hombres desde hacía más de 100 años.
Si bien el concepto de ciudadanía se estampa en la Constitución de Cádiz de1812, que tuvo aplicación en toda Hispanoamérica, y con la que se eligió a los primeros alcaldes en todo el Virreinato del Perú, las mujeres no estuvieron en la consideración para el ejercicio de ese derecho, qué de acuerdo a la mentalidad de la época, estaba reservado solo para los varones. Y así se continuó en la república, pese a que desde la segunda mitad del siglo XIX se alzaron voces pidiendo la igualdad de ciudadanía para ellas, como lo hizo Celso Bambaren Ramírez, médico ancashino que llegó al Congreso de la República.
Sin embargo, esa lucha que surgió bajo la inspiración de algunas mentes avanzadas para su época, no tuvo el eco necesario para generar un cambio social inmediato, pues significaba quebrar los parámetros que inspiraban el comportamiento social de los varones en todo el mundo, y la pasividad con la que las mujeres aceptaban esa realidad. María Jesús Alvarado es una de las pioneras en la lucha por un mundo de igualdad en el Perú, alzando su voz para que las mujeres se consideraran dentro del escenario de la ciudadanía.
María Jesús Alvarado y las precursoras
María Jesús Alvarado Rivera fue una de las primeras mujeres en el Perú, en plantear en una conferencia, la igualdad de derechos civiles y políticos para la mujer, en octubre de 1911, sostenida frente a un público enteramente masculino, en la Sociedad Geográfica de Lima.
Nació en Chincha, el 27 de mayo de 1878 en la Hacienda Chacrabajo, y falleció en Lima, el 6 de mayo de 1971, es decir logró ver hecha realidad la ciudadanía femenina por la que tanto luchó. Fue hija de Cayetano Alvarado Arciniega, y de Jesús Rivera Martínez.
Como era usual en algunas mujeres de entonces, pese a los estudios escasos, María Jesús Alvarado no los limitó a la oficialidad, ya que fue una autodidacta, nutriéndose de muchos conocimientos que la capacitaron para llevar a cabo la tarea que concibió como un deber, y pudo realizarla en parte a través del periodismo. Dio su primer discurso cuando tenía 15 años; y posteriormente obtuvo su diploma de preceptora, que en original se conserva en el Museo del Jurado Nacional de Elecciones.
Su labor por los menos favorecidos
Su labor periodística se manifestó desde 1908 en los diarios El Comercio, y La Prensa, y desde 1913, integró el Comité Directivo de la Asociación Pro Indígena, desde la que luchó por los oprimidos del país, incluyendo a los obreros que buscaban laborar 8 horas. En 1914 fundó “Evolución femenina”, asociada a los derechos de la mujer, empezando por la educación, ya que al no votar los iletrados, si se daba la ley de reconocimiento de ciudadanía para las mujeres, muchas se privarían de ejercerla. Asistió al Primer Congreso Panamericano del Niño, en Buenos Aires, llegándolo a presidir.
En 1923, al trabajarse sobre la reforma del Código Civil de 1851, volvió a plantear el reconocimiento de ciudadanía para las mujeres, lográndose en 1936, que las mujeres casadas dejaran de estar bajo la patria potestad del esposo. En 1924, por cuestionamientos al gobierno de Augusto B. Leguía fue deportada a Argentina, trabajando en una escuela primaria de Mendoza, cuya biblioteca lleva su nombre después de su fallecimiento. Siendo gobernante del Perú, el piurano Juan Velasco Alvarado, el colegio High School se denominó María Jesús Alvarado, en recuerdo de esta memorable peruana.
Las precursoras de la lucha
Cada 7 de setiembre en el Perú, llega a la memoria, nombres asociados a esa lucha, desde Flora Tristán, Clorinda Matto de Turner, Mercedes Cabello de Carbonera, Zoila Aurora Cáceres, Ángela Ramos, María Jesús Alvarado, Adela Montesinos, Dora Mayer de Zulen, Angélica Palma, Elvira García y García, Teresa González de Fanning, Esther Festini de Ramos Ocampo, Magda Portal, y otras tantas asociadas a la lucha persuasiva y combativa, que las llevó a organizarse, y a desarrollar una conciencia de grupalización, que las presentó ante los ojos de todos los peruanos, como, “todas a una”.
Las precursoras peruanas, actuaron en un escenario que se sacudía a nivel nacional, y en todo el mundo se reflexionaba sobre la negación de espacios a la mujer, y el Perú no fue la excepción, las peruanas alcanzaron un sitial, desde el que empezaron a despegar, y a participar activamente en la política peruana, poco a poco se acercaron al universo de la toma de decisiones, y a tener presencia como nunca antes se había visto. Hasta hoy sobreviven casi centenarias, muchas de las mujeres que votaron por primera vez en 1956, y algunas siguen votando, como lo harán en esta segunda vuelta electoral, programada para el 7 de junio próximo, evocando a las mujeres y a los varones que inspiran el comportamiento democrático.

