ERP. La proclamación oficial de los candidatos que participarán en la segunda vuelta electoral, Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, marca una nueva etapa en el proceso democrático del país. El presidente del Jurado Nacional de Elecciones, Roberto Burneo Bermejo, precisó que las observaciones, impugnaciones e incidencias presentadas durante el proceso fueron resueltas conforme a ley, ratificando así la legitimidad del acto electoral y la voluntad expresada en las urnas.
La ceremonia contó con la presencia de los miembros del Pleno del JNE y del jefe interino de la ONPE, en un acto institucional que reafirma el rol de los organismos electorales como garantes de la estabilidad democrática. Asimismo, el acta de proclamación fue suscrita por algunos personeros de los partidos políticos participantes, dejando constancia formal de la culminación de una etapa decisiva.
Sin embargo, en medio de este escenario, persisten discursos que buscan sembrar dudas sobre la transparencia del proceso. Resulta preocupante que el excandidato, Rafael López Aliaga, continúe enarbolando una narrativa fraudista basada en interpretaciones subjetivas y recursos argumentativos que no constituyen prueba alguna. Cuando no existen evidencias contundentes que acrediten irregularidades sistemáticas, insistir en tales acusaciones solo contribuye a debilitar la confianza ciudadana en las instituciones.
La narrativa fraudista, agresiva repite el contexto que se produjo en el 2021; donde Keiko Fujimori generó una ola violentista y de impugnaciones que no le dieron resultado; ahora tienen nuevo actor en este coonflicto, peroo los fundamentos y las estrategias son casi similares.
La democracia tiene reglas claras: en ella se puede vencer o ser vencido. Quien participa en un proceso electoral debe aceptar no solo las posibilidades de triunfo, sino también la eventual derrota. Desconocer los resultados sin fundamentos sólidos implica cuestionar el voto popular y precarizar el sistema democrático, abriendo espacio a la polarización y al descrédito institucional.
Más grave aún es que estos discursos encuentren eco en determinados medios de comunicación afines, que lejos de promover un debate responsable y sustentado, terminan amplificando versiones alejadas de la verdad. El periodismo tiene la obligación ética de informar con rigor y no convertirse en instrumento de campañas destinadas a erosionar la legitimidad de las elecciones.
El Perú necesita hoy serenidad, responsabilidad política y respeto por las instituciones. La confrontación democrática debe darse en las urnas y en el debate de ideas, no en la fabricación de sospechas sin sustento. La segunda vuelta debe ser una oportunidad para que los ciudadanos evalúen propuestas y elijan libremente el destino del país, sin presiones ni narrativas que busquen desconocer la esencia misma de la democracia.

