Un susto a lo gavilán
ERP/Miguel Arturo Seminario Ojeda. Mientras mi barrio crecía, todo me parecía fantasía, mis padres compraron el terreno en 1955 en la Lotización Santa Rosa, que comenzaba casi en el colegio Las Capullanas y se prolongaba hasta Ventarrones, nombre bien puesto al sector, porque los vientos de agosto y setiembre levantaban tremendas polvaredas, que las arenas pasaban volando hasta “el otro lao”, saltando por encima del río Chira. Poco después, de la manera más irracional, solo por complacer apetitos personales, y a espaldas del vecindario, los militares golpistas, anexaron esa parte, sin el consentimiento de los propietarios, al naciente Sanchez Cerro, que tuvo un comienzo diferente, fue una invasión, que nada tenía que ver con los antiguos propietarios del sector.

