Catedrático de la Universidad Agraria La Molina dice que no se trata de un evento El Niño

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ERP/FACTORTIERRA.NET. Cuando las autoridades y la comunidad científica que está trabajando con ellas han convenido en nombrar al periodo lluvioso que se vive en el norte peruano como El Niño Costero, un especialista de la Universidad Nacional Agraria La Molina (UNALM) les está contradiciendo.

El catedrático de la Facultad de Agronomía de la UNALM, Ulises Osorio, dijo que el evento no es propiamente El Niño sino uno de naturaleza inusual. "Este evento no es El Niño que todos conocemos sino que es un evento anómalo que se presenta en forma ocasional durante cada siglo", dijo en una declaración distribuída por correo electrónico.

"El calentamiento es superficial y no sostenido pero que eleva las temperaturas superficiales y las subsuperficiales tan solo a 20 y a 30 metros", explica.

Según la comunidad científica que vigila el evento, se trata de un Niño Costero, es decir, un periodo súbito de lluvias que se produce por el ingreso de aguas ecuatoriales cálidas hacia las costas de Tumbes, Piura y Lambayeque, pero impactando solo a lo largo del nivel del mar hasta la Cordillera Occidental de los Andes, y no a nivel global como sucede en otras oportunidades.

Científicos locales, como el meteorólogo Alejandro More, de la Universidad Nacional de Piura, apoyan esta definición basándose en estudios de la Administración Nacional Oceanográfica y del Aire de los Estados Unidos, la fuente más consultada para ajustar pronósticos en Perú.

Por su parte, Osorio asegura que la magnitud es impredecible pues hasta los indicadores biológicos no aciertan; sin embargo, campesinos parecen haber notado otro indicador: el conocimiento ancestral que asocia la posición de la luna en cuarto creciente a eventos climáticos.

"Así los sabios hombres del campo, frente al anuncio de déficit hídrico hecho en forma anticipada,... predecían un evento muy lluvioso tan solo porque la luna en creciente estaba echada en 45° apuntando al norte", afirma atribuyendo que los campesinos pronosticaron un año muy ventoso.

El catedrático sostiene que, aunque este tipo de evento es inusual, sí hay registros históricos y arqueológicos.

"El más fuerte fue en 1925 (que no fue un El Niño) y le siguió un evento El Niño muy fuerte en 1926". Asegura que hasta febrero de 1925 no hubo lluvia alguna y el 25 de marzo de ese año comenzó.

"Los estudios dendrocronológicos (planta viva) y dendroarqueológicos (restos de madera con mas de 3000 años) demuestran que eventos similares al presente ocurrieron en el pasado; por tanto, la preparación y la prevención de desastres eran medidas usuales en cada año, aspecto que a la fecha no hemos prendido", manifiesta.

Incluso arguye que este evento ha tenido la particularidad de activar quebradas qe no reciben agua durante eventos El Niño extraordinarios.

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