El futuro inmediato de la patria no pinta nada bien

Nelson Peñaherrera
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Por: Nelson Peñaherrera Castillo. Se trata de la clase de Ética en la escuela de Derecho en la filial de una universidad chimbotana en Piura. Tras un ciclo de desplantes, insultos y afirmaciones misóginas, como que las mujeres son culpables de las agresiones que sufren, el profesor, fiscal en un distrito piurano, anuncia que ya tomó todas sus evaluaciones, y hasta adelanta a algunos alumnos que están aprobados. Pero, de pronto, la alarma cunde. 

Al revisar el sistema en línea, los aprobados están mas bien desaprobados y urgiendo un examen sustitutorio.

Los afectados van volando a su universidad y se encuentran de pura casualidad con el profesor, quien les cuenta que estaban remodelando su oficina en la Fiscalía, y al mover sus papeles, alguien -ya nos dimos cuenta con los Chávarryvideos que parece ser una práctica común- extravió varios documentos, entre ellos sus registros y hasta una carpeta fiscal de un caso de presunta violencia sexual. 

Conveniente, ¿no?

Según nuestro conocimiento básico de Ética, si tú, como oferente del servicio cometes un error del tipo que sea, lo correcto es pedir disculpas y resolver el embrollo en favor de los afectados, peor si estamos hablando del sector privado. ¿Mencioné que tú cometiste el error?

Pero, resulta que el profesor decidió aplicar la estrategia del avestruz, y ante tanta insistencia de los estudiantes afectados, desenterró la cabeza, les miró con furia, les trató de "imbéciles" y los dejó con los crespos hechos, que es lo mismo que debiendo el curso.

¿Cuál es la lección de Ética, querido educando? Que cuando te metas en problemas, no los enfrentes, agredas a quienes te reclaman y practiques la impunidad como doctrina.

Si éso le están enseñando a los futuros abogados piuranos, a mí no me va a quedar otra que tomar sus nombres y pasarlos por psicoterapia si acaso decido emplear sus servicios alguna vez. ¿Por qué? Porque les estamos enseñando que la agresión es la forma de hacer justicia y de conducirse en sociedad. ¡Simple!

De solo pensar cómo el profe éste hace su trabajo de fiscal, ya se me escarapeló la piel, y que alguien me pase el directo de Zoraida Ávalos para írmelo quitando de encima.

Parece chiste, pero el ccuadro que aquí pinté es real. El chiste en todo caso es que los estudiantes, millenials de pura cepa, no tuvieron la precaución de grabar ninguno de estos episodios, si no tendríamos una gran historia para contar por capítulos, incluso.

Lo grave de todo ésto es que esos jóvenes de hoy son quienes tomarán decisiones sobre nuestras vidas en solo unos añitos, y los pobres han sido formados bajo la modalidad talibánica de una bomba de tiempo, claro que sin dinamita, pero sí con algo peor: la posibilidad de disponer de nuestra libertad a su criterio o su estado de humor. Quien sabe, por quítame estas pajas, puedan ser capaces de mandar a prisión a quien no deben.

Por supuesto que pueden ser resilientes y entender que la conducta de este docente, de ética no tiene ni el aire que respira y puedan procesarlo como una lección aplicando psicología inversa. Pero, ¿cuántos y cuántas tendrán las ganas de transcurrir el proceso? Apuesto que lo primero que querrán hacer es salvar el curso a como dé lugar, entre otras cosas porque no faltará algún papá o mamá quienes primero que nada les van a sacar en cara el dinero invertido. Así, bajo presión, ¿qué espacio tienes para razonar con cierta serenidad?

Y quienes aún crean que los y las jóvenes con aspiraciones de intervenir en la cosa pública llevan impreso el ideal de justicia y dignidad para todo el mundo, les tengo malas noticias. Pude confirmar de fuente directa que muchos grupos juveniles son ollas de grillos al por mayor, donde abundan las intrigas de poder, el serrucho al gusto del líder y unos desfalcos a cifra alzada que bien la Sunat querría investigar... claro está, si la organización está debidamente formalizada.
Así es,gente, ¡ellos y ellas son quienes en unos añitos querrán, incluso, gobernarnos!

La única manera de cortarles el paso es la misma que hemos aprendido al tratar de cortarle el paso a la corrupción que ya logró instaurarse en los tres poderes del Estado: movilización social. Aunque en sus redes tipo Facebook o Instagram estos y estas jóvenes tratan de convencer a medio mundo que son un manchón -propaganda pura-, la verdad es que son apenas una minoría, igual que la minoría que intentó tomarse las instancias de poder para jugar a su conveniencia, no por el bien común.

Y vale la pena que nos curemos en salud antes que, con el pasar de los años, esta gente infeste esos espacios y tengamos que repetir la historia. Crudo y duro pero necesario.

Espero que esos futuros abogados logren encontrar algo que nos quieren ofrecer en el futuro: justicia. Y mientras tanto que vayan considerando que mientras tengan claro que su reclamo realmente tiene una base legal sólida (como sí es ese caso), habemos personas que estamos hasta la coronilla de delincuentes pagados con dinero de nuestros impuestos o el de las pensiones de enseñanza. ¡Ya basta de tanta porquería!

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Pristina 255