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Lun, Jun

Maza Maza, el grupo recolector que protege el bosque seco de Piura

Reportajes
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ERP. El sol cae fuerte sobre el bosque seco piurano. Entre ramas espinosas y vainas doradas de algarrobo, conocemos a David Gabriel Maza Maza, líder del grupo colector Maza Maza, quien desde pequeño caminó junto a sus padres y abuelos para recoger algarrobas bajo el calor del norte peruano. Lo que entonces parecía apenas una rutina de supervivencia, con los años se convirtió en una convicción: el bosque puede alimentar familias enteras sin necesidad de destruirlo.

Hace seis años nació oficialmente el Grupo Colector Maza Maza, una organización integrada por 40 recolectores dedicados al procesamiento y comercialización de productos derivados de la vaina del algarrobo, recolectada en un área de 8 hectáreas bajo una autorización forestal que se renueva anualmente. Desde el inicio, tuvieron un objetivo claro: formalizar su trabajo y abrirse camino hacia oportunidades más allá de los mercados locales.

El camino hacia la formalización

Antes de organizarse, los recolectores enfrentaban múltiples dificultades para transportar sus productos fuera de la región. La falta de guías de transporte forestal hacía que muchas veces la mercancía fuera retenida durante los controles. “No podíamos mover nuestro producto porque nos lo intervenían”, cuenta David. “Trabajábamos, pero no teníamos cómo demostrar que todo era legal”.

La situación empezó a cambiar un día que el Organismo de Supervisión de los Recursos Forestales y de Fauna Silvestre (OSINFOR) y el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR) llegaron a Yécala, en el distrito de La Matanza, provincia de Morropón, para brindar asistencia técnica a los pobladores que recolectaban algarroba como una actividad tradicional para generar ingresos económicos, pero sin contar con autorización.

Maza Maza 03

Motivados por este acompañamiento, en 2022 obtuvieron su primera autorización forestal, lo que les permitió transportar y comercializar sus productos de manera formal. Desde entonces, el crecimiento ha sido evidente: solo en el último año movilizaron más de 53 toneladas de algarroba que se transformaron en algarrobina, toffes, café, harina y otros derivados que hoy llegan a nuevos mercados.

La legalidad no solo abrió oportunidades para David y sus compañeros, también fortaleció su relación con el bosque. A través de la asistencia técnica aprendieron a recolectar la vaina del algarrobo de manera sostenible, sin cortar ni dañar los árboles, y a cumplir con las obligaciones necesarias para garantizar la trazabilidad y el origen legal de sus productos.

Ese esfuerzo tuvo un reconocimiento importante en abril de 2026, cuando el grupo superó con éxito la supervisión del OSINFOR y recibió una constancia de cumplimiento de obligaciones. Más que un documento, fue el reconocimiento al esfuerzo y compromiso del grupo por cuidar el bosque mientras generan ingresos para sus familias.

El valor oculto de la algarroba

La producción de derivados transformó la recolección de algarroba en una fuente de ingresos más estable para muchas familias. David cuenta que, apenas sale el sol, prepara junto a su esposa e hijos los costales y herramientas para internarse en el bosque seco. Durante horas, grandes y chicos recorren los algarrobales, recogiendo del suelo las vainas maduras que caen de los árboles, mientras conversan, ríen y trabajan en equipo bajo sus amplias sombras. Al final de la jornada, regresan a casa con la satisfacción de haber llenado varios sacos de algarroba.

Luego acopian el fruto y empieza la magia, limpian las vainas y deciden con sabiduría en qué derivado se convertirá cada una, nada es al azar: las mejores pasan al proceso para extraer la deliciosa algarrobina y las otras a la nutritiva harina, que es muy valorada en el mercado por que ayuda a combatir la anemia.

“Gracias al bosque muchas personas pueden comprar útiles escolares, uniformes o llevar comida a sus casas”, cuenta David. “Nuestro caserío está considerado en extrema pobreza, pero supimos pensar y ahora aprovechamos bien nuestra algarroba”, agrega.

“El algarrobo no es únicamente un árbol, es parte de la historia de la comunidad y también una oportunidad para construir un mejor futuro”, dice Fredy Palas Yacila, coordinador de la Oficina Desconcentrada del OSINFOR en Piura, quien también destaca que la algarroba puede convertirse en un producto forestal clave para reducir la pobreza, siempre que se aproveche de manera adecuada y sostenible.

Prácticas que cuidan el bosque seco

El bosque seco enfrenta constantes amenazas. La tala indiscriminada para la producción ilegal de carbón pone en riesgo los algarrobales de Piura y el futuro de muchas familias. Frente a ello, el Grupo Colector Maza Maza demuestra que sí es posible vivir del bosque sin destruirlo. “Nosotros cuidamos el árbol, cortamos la maleza, verificamos que las ramas no tengan plagas, estamos pendientes para limpiarlo y podarlo, damos vuelta a las áreas, de esa manera nosotros cuidamos el bosque”, dice David.

Mientras el bosque seco enfrenta amenazas cada vez mayores, recolectores como David Maza Maza intentan demostrar que conservar la naturaleza también puede ser una forma de desarrollo. En cada vaina de algarroba ven algo más que un fruto: ven trabajo, alimento y la posibilidad de que las próximas generaciones encuentren oportunidades sin tener que abandonar su tierra.

Diario El Regional de Piura
 

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