La peligrosa exaltación del suicidio

Nelson Peñaherrera
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Por: Nelson Peñaherrera Castillo. Como la pérdida de cualquier ser querido, para quienes simpatizaron con el ex presidente Alan García Pérez, debe ser muy doloroso pasar por el trance de su pérdida, y las manifestaciones humanas de su duelo son perfectamente comprensibles aunque no estemos de acuerdo con ellas quienes tratamos de tener la cabeza fría en este momento. En ese aspecto, solo nos queda condolernos. Lo que sí no me parece que debamos justificar es cómo quiere usarse políticamente su muerte.

Como se ha explicado oficialmente, el ex presidente García fue requerido por la justicia peruana, el miércoles por la mañana, para ser detenido preventivamente por una supuesta conexión con el llamado caso Odebrecht, debido a unos pagos que habría recibido por unas conferencias que dio en Brasil y cuyos fondos habrían provenido de las partidas para coimas que la corporación destinaba.

Una vez notificado, García habría subido a su dormitorio, sacado un arma de fuego, y disparado un tiro en su cabeza. La Policía Nacional entró a la fuerza a su cuarto y lo halló en un charco de sangre. Lo trasladó de inmediato a un hospital de emergencias de Lima, donde, a pesar de los esfuerzos del personal, dejó de existir la mañana del miércoles.

No me toca criticar por qué García tomó la decisión que tomó. Eso es un tema totalmente individual. Lo que sí no me parece es cómo esta decisión está siendo tomada por algunos dirigentes apristas calificándola como “digna”.

alan garcia

A menos que probemos lo contrario, a García se le estaba investigando como parte de las pruebas que comenzaron a saltar dentro del esquema Odebrecht, y la noche previa a su muerte, le dijo a RPP que no temía el escrutinio de la justicia y que no se haría problemas si era detenido. Nada raro con esta declaración puesto que es lo que a toda persona le tocaría hacer en estos casos: allanarse. Si eres inocente, saldrás fortalecido; si no se te hallan pruebas, saldrás criticado pero libre; si eres culpable, te tocará cumplir con la pena correspondiente como todo el mundo.

Gracias al suicidio no estaremos en ninguno de los tres escenarios. De hecho, nadie gana; nos seguirá quedando la duda, llegar a la verdad será algo más complicado aunque no imposible. Esa oscuridad no es digna; por lo tanto, la decisión que nos condujo a ella menos lo es.

En un país que tiene la salud mental harto quebrantada, eufemizar las autolesiones es peligroso. No podemos normalizar ningún tipo de estas decisiones, a pesar que muchos caudillos invocan a la muerte como una forma de darle un toque tanáticamente romántico a su discurso. Ejemplo: los dirigentes comunales y su famoso “nadie nos moverá de aquí sino muertos”. Sí, jugamos con la muerte como un medio de exaltación personal, como un corolario que no nos garantiza nada en absoluto.

Lo que terminamos dejando como mensaje a todo el mundo es la filosofía Saperoco: si te supera, quítate o quítale la vida.

Más cuidado con exaltar la muerte como una “decisión digna”. No lo es. Especialmente en un país como Perú, no lo es. Ojalá alguien corrija esa plana porque sus consecuencias son harto peligrosas.

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