El chicle sale muy caro

Nelson Peñaherrera
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nelson penaherrera castilloERP/N.Peñaherrera. Una vez, un amigo y yo conversábamos qué fue lo que se trajo abajo el Tawantinsuyu, el Imperio de los Incas, como lo hemos estudiado en los casi dos siglos de vida republicana.

Recuerdo que le dije que el problema de los prehispánicos fue aplicar la política del chicle: se estiraron tanto, tanto, que en algún lugar la elasticidad iba a debilitar la estructura hasta romperla.

Los españoles, prácticamente, encontraron la mesa servida.

Mi amigo se quedó pensativo un rato y me dio la razón.

Claro que los incas nunca conocieron el chicle, pues comenzó a difundirse cuatro siglos después de su caída; pero, tengo la impresión de que es una política que se está expandiendo con más rapidez que gripe en cuarto cerrado.

Hay organizaciones que llegan a expandirse tanto que descuidan apuntalar esos espacios donde la estructura comienza a debilitarse, y es ahí donde todo lo que costó trabajo crecer, se rompe.

Hay organizaciones que suponen –no garantizan- que al reclutar nuevos talentos, habrá un aprendizaje de las tareas a ejecutar por ósmosis. El caso es que, aunque el talento esté altamente calificado para realizar tareas determinadas, si no se le introduce con paciencia y calidez a esa nueva estructura, será como una medicina fuerte en un organismo no preparado: va a hacer bien, pero a la vez que resuelve lo malo puede echar a perder lo bueno que ya se logró.

Hay organizaciones que creen que los procesos de inducción son una pérdida de tiempo. Craso error. Obviar este paso, en realidad, ralentiza el proceso de logro de objetivos, y a la larga puede convertirse en un punto crítico a la hora de evaluar por qué no se consiguió una meta en especial.

La culpa no es del talento reclutado –si es que fue bien seleccionado- sino de sus reclutadores, quienes no se tomaron ese tiempo para 'aclimatarlo' a este nuevo ambiente. Algo así como llevar a un jugador que es un 'crack' a nivel del mar a que se meta tres goles al hilo, a tres mil metros de altura.

Como dije en otro artículo, hay ciertas inversiones que las organizaciones deberían considerar en sus presupuestos, como el 'coaching' por ejemplo, con la finalidad de evitar grandes pérdidas en el futuro.

Es mejor gastar diez mil para ganar un millón, que no hacerlo y desembolsar medio millón, o más.

¿Qué raro, no? Se supone que cuanto más creces, mejor visión tienes; pero en la experiencia piurana, parece que es todo completamente al revés.

Y lo que te digo no es un supuesto, sino un hecho que usualmente me entero por teléfono...

(Sigue al autor en Twitter como @nelsonsullana)

Pristina 255