“Fenómenos el Niño” y las diferencias entre 1972, 1982-83 y 1997-98

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ERP (Andrés Vera Córdova). Las lluvias han tenido connotaciones diferentes en las ciudades del norte peruano y sobre todo en la región Piura. Una cosa es hablar de las lluvias de 1972, otra referirse al más catastrófico de 1982-83, otra a las lluvias habidas en 1997-98 y todas ellas comparadas con el denominado “Niño costero” que actualmente ha develado las múltiples carencias en la planificación y seguridad de las ciudades piuranas.

Si bien es cierto que la historia registra diversos periodos lluviosos en la historia del territorio piurano, es necesario recordar algunos eventos más contemporáneos y compararlos con lo que viene sucediendo en el 2017. Mirando en retrospectiva, el único “Niño” pronosticado con certidumbre fue el de 1997-98, todos los demás, no fueron ni previstos ni antelados y el desastre toca la puerta a miles de pobladores de la región.

Lo acontecido en este 2017, encuentra una vez más a los piuranos con las manos cruzadas, con responsabilidades y manejos presupuestales centralizados, sin competencias efectivas para el ente regional y con municipalidades poco eficientes en el trabajo diario y en el de planificación. Los ministerios repiten la historia de 1982-83 y en realidad, no existe claridad desde los distritos, provincias y regiones de como estructurarse y organizarse para enfrentar un período lluvioso como este y los que vendrán.   

Lluvias hondonada

Inundaciones después del "Niño costero"

Período lluvioso de 1972

En 1972, las lluvias atípicas se produjeron en la cuenca del río Piura y llovió en la ciudad de Piura y otras como Sullana y Talara. Piura, se insinuaba en aquella época como una ciudad próspera, moderna y con grandes oportunidades económicas. Las lluvias devolvieron a la realidad a los piuranos. Se perdió mucha infraestructura pública y privada y los damnificados fueron aquellas poblaciones migrantes asentadas en los nuevos asentamientos humanos. 

En efecto, toda la ciudad soportó intensas lluvias que terminó destruyendo la ciudad y obligando a la primera reconstrucción. El sistema de agua y alcantarillado fracasó como ahora y después de las lluvias se procedió a cambiar redes; el panorama de la ciudad era desolador y de la próspera ciudad del antes, terminó convertida en una llena de huecos y trabajos de reconstrucción.

El río Piura no tenía muros de contención y el río, tanto como ahora se mantenía seco durante la mayor parte del año, y solo transportaba caudal en las épocas de verano, cuando llovía en la zona de Huarmaca y otros lugares que son tributarios de esta cuenca. En realidad, las lluvias en estas condiciones eran favorables para los agricultores, quienes podían garantizar para los próximos meses agua destinada al algodón, que era uno de los productos del momento.

En las lluvias de 1972 el río, no creció demasiado y el Malecón Eguiguren, que era un paseo peatonal a nivel del río, si bien es cierto fue inundado, se mantuvo para los años siguientes. El caudal inundó los mismos lugares de ahora y causó problemas en el mercado de abastos, que se ubicada en el parque conocido ahora como Tres Culturas.

Fenómeno El Niño 1982-83

Situación diferente se vivió en los años 1982-83. Nadie pronosticó nada y menos existían estudios respecto a lo que se conoce como “Fenómeno el Niño”. Las lluvias llegaron desde el mes de diciembre y se extendieron hasta el mes de mayo del año siguiente. Se extendió de manera homogénea en toda la costa peruana y las ciudades como Piura, Sullana, Talara, Máncora por el norte; o el Bajo Piura y Sechura por el sur quedaron destruidas y afectadas por la contundencia del evento pluvial.

Igualmente llovió de manera atípica en la cuenca del Piura e igual en la cuenca del Chira, de tal manera que las masas de agua superaron los 2000 m3/s, causando problemas a las poblaciones ribereñas. En el caso de la ciudad de Piura, el río se desbordó por la ciudad y destruyó uno de los íconos significativos como era el malecón Eguiguren. Fue tal la contundencia de las aguas, que arrastró todo lo que encontraba a su paso.

Para muchos, este “Niño” mucho más urbano que el posterior castigó con dureza a la falta de planificación de ciudades como Piura, Sullana, Talara, Chulucanas, Talara, Sechura, Tambogrande y otras más pequeñas de la región Piura. En el caso de Piura, las aguas siguieron su cauce e inundando viviendas y destruyendo las construcciones que estaban en el cauce natural. Sullana fue partida en dos vía la Quebrada de Cieneguillo y Cola de Alacrán, las mismas que transportaron ingentes masas de agua, causando dolor y pobreza a miles de sullaneros.

En 1983, las ciudades de la costa, quedaron totalmente destruidas y el sistema vial igual. Los alimentos se escasearon y la política del momento permitió el acaparamiento y adulteración de precios. 

Todo el sistema vial quedó destruido y era imposible ir hacia el sur y menos al norte. En toda la Panamericana, las quebradas se llevaron la carpeta asfáltica y mantuvieron su caudal impidiendo el tránsito. Se habilitó un puente aéreo entre Piura y Tumbes; sin embargo, era tal la necesidad de ir de un sitio a otro, que las posibilidades eran mínimas.

Gobernaba en aquellos años el Arq. Fernando Belaúnde Terry, y aunque ahora lo dignifican por sus cualidades, demostró su inutilidad como gobernante. Lo cierto que los aranceles limitó la importación y pese a las necesidades de los peruanos se impedía que vengan de manera legal, productos del Ecuador. Sin duda, que este país, fue el gran aliado para paliar en algo la crítica situación de todo el norte peruano.

Tras este certamen, emergió la voz de preocupación y de liderazgo de don Oscar Cantuarias Pastor, obispo de Piura y Tumbes. Con gran coraje, decisión y propuestas logró que el centralismo limeño, mire con mayor responsabilidad lo que aportó Piura al Perú y se aprobó el Canon Petrolero como un mecanismo de retribuir con recursos para la reconstrucción.

El proceso de rehabilitar y reconstruir las ciudades fue lento y burocrático. Hubo una gran inversión para agua y alcantarillado, para energía eléctrica, colegios y todo aquello que se había destruido; se construyeron canales de evacuación de aguas pluviales en varias ciudades y se analizó y construyó el actual sistema de contención que tiene el río Piura en la ciudad.

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Zona de inundación en la ciudad de Piura

Muchos piuranos y no piuranos, se convirtieron en empresarios de la construcción y aprovecharon este boom del gasto estatal. Como sucede ahora, la corrupción se llevó a bolsillos privados este dinero otorgado para reconstruir las ciudades. Existe una historia no contaba de esta etapa de arreglos, coimas y aprovechamientos individuales en desmedro de la población en general.

Contra todo, se invirtió en la contención de las aguas del río Piura y se usaron los pilotes para encauzar el caudal en avenidas significativas. Nuevamente se replanteó el sistema de agua y alcantarillado en la ciudad, se reconstruyeron varias arterias destruidas y se hizo un estudio integral para la fluencia de las aguas de lluvia. Funcionales o no, se resolvió el tema del Chilcal que fue totalmente inundado y el barrio Buenos Aires que igualmente quedaron bajo las aguas.

En el caso de Sullana se construyó el canal vía, el mismo que transporta las aguas que vienen de la quebrada de Cieneguillo y de Cola del Alacrán. Al igual que esta ciudad, que fue duramente castigada en otras localidades como Talara, Chulucanas, Paita, Sechura, Catacaos, fueron receptores de la ola de inversión post 1983.

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Río Piura, inundando zonas bajas de Piura 

Fenómeno el Niño 1997-98

En 1997-98, las lluvias en las zonas urbanas fueron menores a 1982-83, pero catastróficas en las zonas altas de ambas cuencas. Excepto la ciudad de Sullana, donde las lluvias fueron atroces, en el caso de la ciudad de Piura llovió menos. Si la máxima lluvia de 1983 fue de 160 mm; en el caso de 1997-98 las lluvias eran superiores a los 250 mm y se cree que en el caso de Sullana llovió más de 300 mm el 18 de enero de 1998.

En el "Niño" de 1998, la mayor densidad de las lluvias se dió en las partes medianas de la región y alimentó los ríos, los cuales transportaron mayor caudal de agua y terminó llevándose dos puentes urbanos en Piura. A nivel del sistema vial, los aislamientos fueron mínimos.  

El río Chira tuvo sus máximas crecientes superiores a los 3000 m3/s, en tanto que el Piura transportó más de 2000 m3/S. Como consecuencia de esta creciente, se perdieron dos puentes y los desbordes fueron contenidos gracias a los pilotes considerados tras 1982-1983. Es decir, en parte lo que se hizo después del indicado “Niño” permitió proteger a las generaciones futuras.

El sistema vial excepto el problema de los puentes en la ciudad de Piura colapsó menos, gracias al trabajo previo que realizó el gobierno del Ing. Alberto Fujimori debido a su política de inversiones y al trabajo de prevención que se hizo. Se puede decir, que este “Niño” ha sido el único que fue pronosticado con meses de anticipación y que permitió la realización de obras de prevención que dieron resultados.

El actual “Niño costero” se parece mucho al evento de 1982-83 por su impacto en las ciudades y también se parece mucho al de 1997-98 por las lluvias en las cuencas del Chira y del Piura. Por lo tanto, tenemos nuevamente ciudades poco funcionales y destruidas por las aguas de lluvia y vías afectadas y destruidas que limitan el libre tránsito como sucedió en el periodo más grave que ha tenido la población de la región Piura como ha sido el evento de 1982-83.

Lluvias Torrenciales

Canal Vía de Sullana construido post 1982-83

Lecciones no aprendidas

De acuerdo a la historia en el siglo XIX se tiene registro de lluvias intensas y en 1925 hubo en evento similar. Después, los “Niños” se encuentran más frescos en la memoria y por lo tanto, las lecciones debieron ser aprendidas. Primero las autoridades municipales y/o regionales jamás pensaron en obras de prevención o de evacuación de aguas pluviales y segundo las construcciones privadas y públicas tampoco incorporaron la gestión del riesgo.

No sucedió, primero nunca se planificó una ciudad mirando la experiencia del pasado y menos se tomaron como referencia obligatoria los mapas de riesgo que existen; segundo, las autoridades totalmente ignorantes del pasado permitieron el poblamiento en zonas de riesgo y la población jamás fue consciente que se estaba ubicando en una hondonada o zona vulnerable. Los planes urbanos que deben regir el crecimiento urbano, fueron inexistentes y los mapas de riesgo, documentos de anaquel. 

En esas condiciones nos encontró “El Niño Costero” que nos ha devuelto a la realidad. Primero tenemos todo para crecer, pero igualmente la torpeza para retroceder. La prevención y un territorio seguro, se construye en el día a día o tras un evento dramático y aleccionador como el presente. Para ello, se requiere un liderazgo lúcido, que no haga una fiesta de los recursos que podrían venir, sino que entienda que tiene que planificarse el futuro y respetar las lecciones de la historia para que no se vuelva a repetir. 

Los asentamientos humanos, pese a todas las experiencias vividas, no llevó a un sistema de planificación más vinculante y las autoridades permitieron la creación de nuevos sectores en hondonadas, cuencas ciegas y cauces de quebradas. las consecuencias se observan ahora

Los impactos negativos por decisiones políticas, administrativas y económicas, son superiores al gasto que podría hacerse incororando el riesgo en todas las actividades públicas y privadas que se realicen. Varios establecimientos comerciales que han cambiado la dinámica de Piura, han sido afectados y demuestran que al momento de construir no consideraron ninguna acción de previsión. 

El asunto, es como quitarle densidad al río Piura almacenando las aguas en una zona alta; y cómo se construye un sistema vial en las ciudades que sea funcional. Ejemplos globales existen y se pueden imitar, uno de ellos y el más cercano es el de Guayaquil y otro el de Barcelona-Espana. Todo ello implica una trabajo informado y presupuesto para los proyectos de reconstrucciónn y construcción. 

Finalmente, la actual situación refleja una vez más el poder omnímodo que se ejerce desde la capital en desmedro de las regiones. Muchas funciones y competencias son ejercidas indebidamente por ministerios y no por las regiones y municipalidades como debería ser. Sin embargo, nadie dice nada y el país una vez más se ha centralizado. Si algo debe cambiar en el país, es esa relación de depender de Lima incluso para decisiones que deberían estar descentralizadas. Esos son parte de los males que deben resolverse y que corresponde a mejores criterios técnicos que no se tienen.