Región Piura: El desastre económico causado por el desborde del río

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ERP. Piura era hasta hace poco una ciudad boyante, en crecimiento, con potencialidades aprovechadas y oportunidades sociales, económicas y culturales que la distinguían. Las lluvias siempre fueron un riesgo y en criterio racional debería haberse adoptado las estrategias para disminuir los impactos negativos y eso no sucedió, Piura crecía en lo urbano y en su economía, pero lo hacía como sucede todo en el Perú, en total informalidad.

Cuando todos se protegían de las lluvias y muchos tomaban hasta con divertimento las precipitaciones y los destrozos habidos en el ámbito territorial de Piura y sobre todo de los espacios urbanos, llovió con intensidad en la cuenca del río Piura, tanto en la provincia de Morropón como en la zona de Tambogrande y Las Lomas, muchos esperaban hasta con indiferencia la crecida del río.

Ribera rio

Frente a la información de las lluvias, los aforos de los caudales de la cuenca, previas al desastre eran un dato que obligaba a proteger a las poblaciones de Simbilá, el puente Independencia, Cura Mori, y algunas poblaciones ribereñas como Chato Chico. Una alerta enviada por el COER-Piura a las 10 de la mañana del 26 de marzo, indicaba que entre las 4 y 5 de la tarde, pasarían por el puente 2,700 m3/seg. Lo cierto que a la indicada hora, tal caudal no llegó.

Entonces caben las preguntas ¿El sistema de información del Chira Piura, es confiable?, ¿No tienen los equipos adecuados para medir caudal y calcular velocidad de las aguas?, ¿No sé tiene profesionales competentes que sepan procesar la información técnica?. 

Alerta Rio Piura 26

Alerta de COER, con datos imprecisos no alertó sobre los riestos de las poblaciones de Piura, Castilla y Catacaos

En tanto y considerando los aparentes puntos vulnerables y el caudal esperado, se pretendió hacer lo que pudo evitarse en las zonas de alerta. A las 4 de la mañana del 27 de marzo, el Chira Piura reportó que Los Ejidos transportaba un caudal de 2574, en tanto que en Tambogrande era evidente que las aguas iban descargando después de inundar varios asentamientos humanos.

A la 1 de la mañana del 27 de marzo, este diario realizó un recorrido por el Puente Bolognesi y la masa de agua seguía subiendo; luego revisamos los informes del COER y todo hacía indicar que no estaban en peligro ni Piura, ni Castilla, y menos Catacaos. Además de ello, en los aparentes sitios vulnerables se habían adoptado todas las medidas para proteger a la población de una inundación. En efecto, a esa hora si creemos en el informe oficial, pasaban 2270 m3/seg, en Tambogrande 2307 m3/seg y en Chulucanas 456 m3/seg.

Diques agua

Diques de protección que no impideron inundación de Piura, Castilla, Catacaos y pueblos del Bajo Piura

Evidentemente la masa de agua no pudo ser presagiada, quizá por la falta de instrumentos para medir caudales y calcular la velocidad de la masa de agua. Lo cierto que al cerrar el día 26 se informaba de destrozos del río en la zona de Morropón, el colapso del puente Carrasquillo. De igual manera, se precisaba los impactos negativos en Tambogrande y los asentamientos humanos perjudicados.

En tanto esto sucedía a escasa distancia de la ciudad de Piura, todos los especialistas indicaban que el puente Cáceres podría soportar unos 2800 m3/seg las autoridades hacían guardia y mucha población curiosa merodeaba por la ribera del río. En realidad, el dolor de ahora, en la noche previa era el espectáculo esperado.

A las 6 de la mañana, es decir 12 horas después que el COER informó que llegaría la masa de agua de Tambogrande y de Morropón, se reportó que el caudal en la presa de Los Ejidos era de 2895 m3/seg; es decir una cifra ligeramente superior a la informada que era de 2700 m3/seg. A las 7 de la mañana, la información comenzó a mostrar sus equívocos y distorsiones.

Se dijo que caudal máximo de la avenida del río sería 2700 m3/seg; que pasaría entre 5 y 6 de la tarde del 26 y al siguiente día pasaron 3468 m3/seg

Ante el caudal inesperado el río comenzó a buscar más amplitud del cauce, dañó muchas áreas de cultivo, inundó después la urbanización Cocos del Chipe por el lado izquierda y por la margen derecha la Universidad Nacional de Piura. Luego, con un caudal de 3016 m3/seg las aguas comenzaron a desbordarse por el puente Cáceres en su margen derecha e izquierda, en tanto que muchos voluntarios con sacos al hombro pretendían detener la furia de un río que es probable, esperaba que sea dragado para evitar el desastre.

El Open Plaza, un centro comercial preferido por el comercio binacional sucumbió a las aguas y quedó cubierto en su primer piso, en tanto que la avenida Irazola era un río que inundaba todas las viviendas de la urbanización Miraflores y sobre todo el Hospital Regional de Piura. Por el otro lado, el puente Cáceres era superado por las aguas y estas iban con dirección a Santa Isabel.

Lo que estaba sucediendo, no era el espectáculo del día anterior; era la peor pesadilla de los piuranos de los últimos años. Sus calles comenzaron a inundarse expandiéndose en Piura cercado hasta la avenida Loreto, dejando a muchos negocios del centro cubiertos de agua y de lodo, a la plaza de Armas visible solo con la estatua de la Libertad, iglesias cubiertas por el agua y muchas familias y viviendas damnificadas.

Si en Piura, ya la salida del río fue sorprendente; en Castilla el desastre fue superior y de repente, sin que nadie les hubiera alertado, gran parte de la población terminó emigrando para no ahogarse entre las aguas del río, perdiendo todas sus pertenencias del primer piso y dejándolos a la intemperie y sumidos en el más profundo dolor.

La situación ha sido de igual o superior magnitud en Catacaos, donde la población hasta la fecha espera que algún helicóptero o bote los rescate, alguna mano amiga y fraterna los apoye para paliar esta desgracia y esperar las decisiones estatales para encontrar una razón de vida a sus días. Lo cierto, que esta historia una cosa es escribirla y contarla y otra vivirla, y la población perjudicada de toda la ribera del río, sabe lo que es pender de un minuto de suerte o de milagro para no ser arrastrado por las aguas.

Inundación no fue prevista ni en Piura, menos en Castilla y tampoco en Catacaos, sistemas de alerta temprana y medición de caudales falló totalmente

“Esto no sucedió ni el 83 que el río transportó más agua y tampoco en el 97 y 98 que fueron años lluviosos, ¿qué paso?”, es la pregunta que se va multiplicando en este distrito metropolitano que se encuentra conurbado a la capital departamental. Lo cierto, si se buscan argumentos primero se puede decir que el sistema de información del Chira Piura no es confiable, que los procesos de prevención jamás se hicieron y que los sistemas de alerta durmieron con la noche.

Tienen razón para sus preguntas, de acuerdo a registros históricos este río ha transportado más de 4000 m3/seg en el 98 y no causó el desastre que ahora se encuentra a la vista de todo el mundo. Pero, la desgracia no solo es culpa de la naturaleza, lo es de quienes en nombre de todos los piuranos manejan recursos públicos y no los invierten adecuadamente y en parte de la población que muchas veces no adoptan criterios racionales para construir sus asentamientos poblacionales.

Lamentablemente, los errores y los yerros cobran la factura y eso ha sucedido en este verano del 2017. Un modelo organizacional del Estado, que privilegia el centralismo, un gobierno regional con competencias y recursos disminuidos y una proliferación de municipalidades sin recursos y con autoridades incompetentes abonaron en el desastre actual. A este tema, se le agrega una desorganización total de la sociedad civil, tan ineficiente como la academia y el empresariado mismo.

En todo este panorama, empresas grandes y pequeñas, sucumben al deterioro de su economía; funcionarios del gobierno nacional incapaces de comprender los desastres y el infortunio, es incapaz de dar medidas efectivas para salir de la crisis que enfrenta la región Piura y en realidad se espera una decisión más social y más humana para mitigar los efectos del desastre y devolver a Piura, de una manera más segura, el dinamismo económico que ahora ha quedado entre el lodo de sus calles y la destrucción de las unidades productivas que le daban vida al norte peruano.

Frente a este oscuro panorama solo cabe la claridad de sus líderes para saber señalar el camino, definiendo con claridad que el gobierno nacional tiene un rol importante en la definición de las políticas de reconstrucción, establecer el financiamiento de la reconstrucción productiva de los territorios afectados, pero que corresponde al nivel regional y local iniciar el camino de una región segura y poco vulnerable. El mejor camino de la reconstrucción, construcción y nuevas oportunidades corresponde hacerlo dentro de las competencias y sin experimentos ajenos a la formalidad institucional. 

Por lo tanto, se ha demostrado que varios lugares son inadecuados para una localización óptima, los centros comerciales como Open Plaza, Sagafalabella y Ripley en el centro, entre otros negocios han colapsado; de igual manera se puede decir de las áreas de cultivo perjudicadas o por lluvias o por el desborde del río; las actividades económicas en gran parte se han afectado directamente o de manera indirecta. Hasta el momento no se ha mensurado de manera real los daños ocasionados en la economía piurana, pero a simple vista se puede decir que se ha destruido gran parte de la actividad productiva. 

El desastre está en los ancianos, adultos, jóvenes, adolescentes, niños y niñas, y sin duda, no querrán vivir este tipo de experiencias para el futuro. Igualmente, se ha dañado la estructura productiva que sustenta las condiciones de desarrollo de la región Piura. El reto pendiente de empresarios y población en general, es definir para el futuro, el uso del suelo y del territorio, entender que la planificación es el elemento directriz que nos señala el camino, que la historia cierta y certificada nos da la claridad para el futuro; y que la inversión debe contemplar todos los elementos para tener un territorio y sobre todo ciudades seguras. 

Por el momento, el Gobierno Nacional ha desplazado ministros a esta región y tambien una ministra en Piura, para seguir de cerca los acontecimientos; sin embargo, esa tarea debe ser de las autoridades regionales y locales, y fundamentalmente de la organización civil. Un poblador desorganizado, jamás podrá hacer avanzar a su región. Es posible, enfrentar el futuro con entusiasmo y devolver a Piura su crecimiento económico y el bienestar de su población. Es posible.