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Los números que la cuarentena está a punto de dejarnos

Nelson Peñaherrera
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Por: Nelson Peñaherrera Castillo. Creo que una manera de medir cuán bien o cuán mal hemos hecho las cosas es revisando las frías estadísticas, interpretándolas tal cual y compararlas con otros países, porque si hemos caído en un error nacional –cortesía de nuestros congresistas, gobernadores, alcaldes y dirigentes médicos—es creer que el manejo peruano de la pandemia era el único en todo el mundo cuando el Covid-19 ha atacado a más de 210 países y territorios.

Por eso el presidente Martín Vizcarra, quien durante toda esta crisis más bien aprendió a demorarse en explicar una idea de cincuenta palabras en una elaboración dispersa que le toma tres minutos (sin aterrizar en el punto), nos insistía el hecho de que no es una epidemia, algo local, sino una pandemia, algo global.

Cuando se publique esta columna, estaremos por pasar los 280 mil infectados confirmados, los 9500 fallecidos y los 160 mil recuperados, , . Ah, y en cuanto a pruebas aplicadas, hace rato superamos 1,6 millones de personas. Y no importa si sigues los números día a día (como yo), o cada cierto tiempo: siempre van a aumentar sea el indicador que sea, y ésa podría ser la conclusión preliminar de un descuidado análisis cuantitativo.

A este nivel, Perú ocupa hoy el sexto puesto a nivel mundial en casos confirmados. Éramos el siete, ojo. Ahora ese lugar lo ocupa Chile, nuestro vecino del sur que, aparentemente, no tenía sus cifras sinceradas y se acerca a los 250 mil; justo al este tenemos al segundo puesto, Brasil, con 1,3 millones de infectados confirmados, y esto es porque la prensa está haciendo la chamba que le compete al gobierno.

Y, bueno, el puesto número uno lo ocupa los Estados Unidos de América, con casi 2,3 millones de infectados y una crisis que se mueve entre la politiquería de la Casa Blanca, las protestas por los derechos civiles (que ya hablé en una columna anterior), y un nivel ciudadano de conducta que realmente pone las cosas color de hormiga.

Como decía, el análisis cuantitativo nos da una primera idea de cómo se está manejando esta crisis pero digamos que nos da una de las mitades; la otra mitad viene por entender las cosas a nivel de fracciones, de muestras más pequeñas en las que podamos revisar si todo crece porque le toca crecer o porque algo estamos haciendo mal.

pruebas rapidas san pedro

Nos seguimos contagiando, pero no tanto como al inicio

El análisis cualitativo, que complementa al anterior, se logra si revisamos los porcentajes y ahí las cosas cambian radicalmente. La tasa de contagio, es decir qué proporción de las personas tamizadas mediante una prueba molecular o serológica dan un positivo confirmado, se mueven entre el 16,9% y el 17%, es decir que una por cada seis examinadas están infectadas sí o sí, tendencia que se está sosteniendo hace cuatro semanas, y que podría dar una idea de la famosa ‘meseta’ que los epidemiólogos esperaban.

El gobierno ha dicho que el factor de reproducción del virus es inferior a 1, lo que quiere decir que si yo me infecto solo podría contagiar a alguien más y ese otro más a alguien más, y así sucesivamente.

Para ponértelo en perspectiva, este mismo factor en Alemania se les disparó la semana pasada a 2,7, casi 3, o sea si yo me infectara de hachazo contagio a tres más, y uno de esos tres contagia a otros tres más, o sea ya tenemos nueve; por tres más, ya tenemos veintisiete, luego ochenta y uno. A quien le encante hacer progresiones geométricas, ahí tiene para entretenerse.

Perú había estado encima de 2 hace dos meses, y eso explica por qué nuestro sistema de salud llegó a colapsar en todos los casos. Los científicos dicen que el hecho de que nuestro país tenga su factor de reproducción por debajo de 1 no es motivo para cantar victoria; el número mágico ideal es 0. Sí, la nada. Si nadie contagia a nadie, simplemente el virus se desactiva y pasa a ser moléculas dispersas sin poder hacer nada.

300% más probabilidades de morir

Pasemos a la tasa de letalidad, es decir qué poder tiene el virus para matar a alguien, y este indicador a mí me preocupa. Hasta el lunes 15 se mantenía por debajo del 3%, para ser específico bailando entre 2,9% y 3%. No son buenas noticias porque el promedio peruano era 2,7%.

A partir del martes 16 de junio, esa tasa comenzó a crecer algo de tres centésimas porcentuales diarias hasta que el viernes 26 estaba por llegar al 3,3%. Para ponerlo en números que te hagan sentido, si te infectabas hasta el lunes 15, tus posibilidades de perder toda batalla era 1 en 33; finalizando junio es 1 en 30.

No, no está bajando; está subiendo, puesto que en el peor momento de la crisis (entre abril y mayo), la probabilidad de morir era 1 en 37: si el número absoluto de probabilidades aumenta, más opciones para sobrevivir. Dicho más redondo, hay 700% más probabilidad de morir respecto al peor momento de la crisis y 300% más desde el 15 de junio hasta este momento.

Ni el presidente Martín Vizcarra ni el ministro de Salud, Víctor Zzamora, han dicho palabra al respecto. Es más, la agencia oficial de noticias Andina, que parece haberse olvidado que es un órgano de información pública y no un medio de propaganda gubernamental, está metiéndonos a como dé lugar a los recuperados, triunfo que no debe soslayarse por si acaso, pero también parece ocultar el hecho de que en 15 días mi probabilidad de fallecer si me infecto con Covid-19 había aumentado hasta tres veces.

Ojo, no estoy culpando ni a Andina, ni al gobierno, ni menos a la gente por este indicador; lo que digo es que no se está haciendo explícito, y ésa no me parece una buena actitud porque le sembramos a la gente el espíritu triunfalista, y ahí están las calles como mejor prueba de mi escrúpulo.

La sorprendente resurrección de Piura

Ahora bien, yendo a la realidad dura y pura, solo por hablar del departamento de Piura, hay informes confiables, como el de El Regional de Piura, publicado el 25 de junio, o el de mi colega Teo Zavala, que aseguran ahora hay menos ingresos de pacientes Covid al hospital Santa Rosa, en el distrito 26 de Octubre, ciudad de Piura; por lo mismo, la cantidad de fallecidos también parece haber disminuido.

¿Buena noticia? ¡Excelente noticia! Queda investigar si, como lo denunció el congresista Edward Zárate (es uno de los representantes por Piura, por si no te enteraste), ya se estaba haciendo selección de a-quién-salvo-a-quién-no-salvo a pesar que la jefa del Comando Covid nacional, Pilar Mazzetti, dijo que eso no era una política peruana, además de ser antiético.

En este aspecto hay que destacar que el departamento de Piura pasó de ser uno de los epicentros nacionales de la pandemia con una tasa de letalidad que llegó a rebasar el 12%, o sea 1 posibilidad entre 9 para morir, a poquito menos del 6%, o sea 1 en 17 que me muera por el coronavirus.

La tasa sigue en descenso y para el 24 de junio estaba entre el 5,8% y el 5,9%. No seamos mezquinos: lo estamos logrando. Claro que nos costó una reprimenda en cadena nacional, pero… así somos los peruanos.

Sobrevivir para advertírnoslo

Finalicemos con un indicador que ha entusiasmado a todo el mundo, incluyéndome, puesto que parecía no llegar pero ha llegado: la tasa de recuperación, es decir qué proporción de quienes son diagnosticados con coronavirus logran superar cualquiera de los estadíos del contagio, sea que no hayas desarrollado síntomas, sea que sí y en su versión moderada, o sea que hayas sido ingresado a una cama en la unidad de cuidados intensivos y, contra todo pronóstico, lo superaste.

El martes 16 de junio quienes cubrimos la crisis veíamos atónitos que el indicador nacional estaba a décimas de pasar el 50%, aunque para ser justos la ola se venía alzando lentamente desde hacía un par de semanas. En números simples, lo que esto significa es que en Perú, si te infectas, tus posibilidades de recuperación son 1 entre 2. Considerando el temor y la real mortalidad que ha producido el Covid, es un buen indicador.

Al cierre de esta columna, nuestro país tiene una tasa de recuperación de 58% y subiendo, impulsada en gran medida por los epicentros iniciales de la pandemia, como Piura, donde tal indicador está por llegar al 80%, es decir que si me infecto ahora, mis probabilidades de recuperarme son 4 por cada 5, mucho más que la media nacional… siempre y cuando las cifras de la Dirección Regional de Salud sean sinceras. El director de la entidad dice que sí; si no fuese cierto, que la Patria os lo demande.

La realidad postcuarentena

Esto no quiere decir que lo peor de la crisis ha pasado. Lo que quiere decir es que el trabajo denodado del personal en primera línea –médicos, enfermeros y enfermeras, técnicas y técnicos, personal no médico—logró lo imposible a pesar de que no había medicamentos disponibles, a pesar de que no tenían los equipos de protección personal (ni siquiera en buen estado), a pesar de que faltó oxígeno, y especialmente a pesar de que la gente –ya pues, seamos honestos—no guardó las normas de bioseguridad básica: distanciamiento social, lavado de manos y desinfección de superficies y, especialmente, uso correcto de la mascarilla.

Ah, aclaro, cuando hablo de personal de salud en primera línea, hablo del que fue al frente a luchar por vocación, entre los que se cuentan amigos personales míos, amigos de esta casa, de quienes nos sentimos orgullosos y a quienes esperamos homenajear cuando todo sea bioseguro. No incluyo a quienes fueron a lucrar, a limarse las uñas, o a calentar asiento. También los hubo, y ahora se esfuerzan por ganarse el cielo con avemarías ajenas. Ojo.

El hecho de que Piura tenga un 20% más probabilidades de sobrevivir que el resto del país no debe ser tampoco motivo de tranquilidad sino de alerta calmada e informada, ¿por qué?, porque ahora se viene la reapertura del tránsito terrestre y aéreo interprovincial, y el comportamiento del virus en otros departamentos es diferente al nuestro.

Pensemos cuando se abran los límites internacionales: Chile y, especialmente, Brasil no lo están pasando bien, así que por seguridad nacional, no sería correcto abrir una frontera a un país donde todo está fuera de control. Ya ni hablemos de Estados Unidos porque sería perder de un sopapo todo lo que nos costó lograr en más de tres meses de lucha.

Para acabar con este punto, veamos el mapa departamental de Piura y cómo el virus se ha dispersado lentamente desde las capitales provinciales de la mitad occidental (Piura, Sullana, Talara, Paita y Sechura) hacia las zonas rurales, especialmente las andinas donde ya sabemos que la atención primaria de salud es escasa, cuando no inexistente. Hasta ahora, los invictos son los distritos de Montero y Sícchez, en la provincia de Ayabaca, y ojalá continúen así.

Atrás quedó la disciplina de los distritos de Ayabaca y Huancabamba, aunque más por descuido de los foráneos porque los lugareños sí acataron las normas, lo que también desmiente al colectivo anticuarentena: obligar a que la gente se quede en casa es un derecho que bien puede recortarse cuando lo que se busca es salvaguardar el derecho a la vida del resto. Señores de la izquierda moderada, a eso se llama solidaridad, un valor que tanto pregonan.

Y hablando de izquierdas y derechas, una última palabra tomando los ejemplos de Brasil y Venezuela. El primero quiso sesgar la información estadística y cinco diarios (O Globo y Folha do Sao Paulo, entre los que recuerdo) se unieron para manejar un conteo independiente, al punto que un tribunal obligó al Ministerio de Salud a poner todos los números sin maquillaje. En el caso del régimen chavista, dudo mayormente que hasta Nicolás Maduro se crea sus números tan bajos de infectados y fallecidos teniendo en cuenta que hasta antes de la pandemia, medios independientes reportaron que su sistema de salud estaba peor que cualquiera en Latinoamérica.

Esto tiene que convencernos que las crisis no se deben manejar con criterios políticos propagandísticos (menos teocráticos, como el caso de Bolsonaro) sino técnico-científicos que permitan tomar las mejores decisiones para la comunidad. Esto no es pólvora descubierta porque en Perú, y especialmente en Piura, lo sabemos de memoria con la crisis de El Niño o el dengue, así que el modelo ya lo sabemos; que nos aturdamos y nos olvidemos ya es otro tema. Interesantes los números, ¿no?

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