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Soltando para siempre ese globo de aire caliente

Nelson Peñaherrera
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Por: Nelson Peñaherrera Castillo. El asesinato múltiple de una madre y tres de sus cuatro hijos a manos de su pareja el domingo 22 de diciembre en El Agustino, Lima, ha recibido una doble condena por parte de la ciudadanía con salud mental óptima. Primero, por el hecho en sí que implica un femenicidio y tres infanticidios; segundo, por la pachocha con que la Policía Nacional actuó, incluyendo la manera descarada cómo mintió a la comunidad.

Sobre lo segundo ya me ocupé en mi columna del 16 de diciembre al denunciar que si existen el 105 o el 911, realmente son un adorno, porque suena, suena, y nadie responde; y si responden, salen con el típico “sí, ya vamos”, pero nunca hacen acto de presencia. (Cfr. https://tinyurl.com/wt8pjq3 )

El Ministerio del Interior, como siempre más movido por presión de los medios que por iniciativa propia, ya ha pedido detención para los inútiles (porque son inútiles) de los policías que no les dio su bendita gana ayudar a víctimas que estaban siendo asesinadas y quemadas a doscientos metros de una comisaría, y bien haría el gobierno en despedirles, degradarles, encarcelarles y endosar todo su sueldo a los deudos a ver si aprenden la lección.

Sí, da rabia que se llenen la boca diciendo que protegen a la comunidad, y a la hora de la hora, son puro fufurufu. Eso no quita que también hay buenos policías, que sí hacen su chamba, que da gusto ver su sacrificio y que protagonizan verdaderos actos heróicos. Lo único que queda esperar es que no terminen contaminándose de la lacra que tienen dentro de la institución. Sigamos.

En el caso de la llamada víctima 160 (o 161) de feminicidio en lo que iba hasta ese momento en el Perú, la cosa es mucho peor de lo que habíamos analizado en anteriores oportunidades, porque demuestra que los varones peruanos ya involucionamos al punto que estamos usando nuestro cerebro reptiliano para asegurarnos una supuesta hegemonía que no se entiende en términos racionales.

Porque el asunto de vivir en sociedad no es qué sexo o nacionalidad o tendencia es más fuerte, sino quién produce más y saca este país adelante. Escapa de la perspectiva folklórica o populista, y lo verás todo más claro.

El análisis académico no confesional indica que la razón por la que la violencia de género ha avanzado en el Perú se fundamenta en una serie de miedos e inacciones por parte del aparato gubernamental (léase todos los ministerios ligados a temas de desarrollo humano) y los operadores de justicia.

Se trata de un corto circuito provocado por un falso contacto entre la ignorancia legal, la falta de empatía y los prejuicios religiosos con marcado acento machista, misógino y homófobo, que convierte a las personas en verdaderos zombies, fanáticos radicales, y que me provocan decir en voz alta que lo mejor que podría hacer el próximo Congreso es ilegalizar a “Con mis hijos note metas” (como hicieron con Herri Batasuna en España durante los noventas) por promover la intolerancia y callarse de lo lindo cuando una nueva víctima de feminicidio es reportada. Revisen las noticias: no miento.

Las soluciones que se están dando en el mediano y largo plazo son consistentes, entre ellas, la discontinuidad urgente de la filosofía patriarcal en el modelo educativo por una donde se hable sobre igualdad, colaboración, respeto y afecto. Quien siga creyendo que su pastor o su cura tienen la razón, lea el Nuevo Testamento y verá que Jesucristo los contradice desde el primer capítulo de San Mateo hasta el último de San Juan. Falsos profetas, advirtió el Hijo del Hombre.
Pero de que necesitamos urgentemente cambiarle el paradigma a padres, madres, docentes y especialmente a los y las estudiantes, sí, ya no hay opción a discutirlo y es una prioridad en la que los extremismos deberían ser firmemente relegados bajo el marco existente: ya no hay que crear leyes, hay que hacerlas cumplir y al demonio si cae el propio arzobispo en el esfuerzo.

Cuestiona tus emociones

¿Qué hacemos mientras tanto? Una nueva víctima va a aparecer hoy, o mañana, o en el transcurso de la semana, peor aún si hablamos de una temporada de fiestas como ésta. Pues, gente, la medicina no está afuera de nosotros, y esta vez, hablo de nosotros, los varones, sino dentro, en nuestra mente y nuestro corazón, así que aquí intentaremos darnos primeros auxilios mientras buscamos ayuda profesional no confesional que nos saque del hoyo en el que la violencia es nuestra única respuesta para enfrentar al mundo.

Lo primero que tienes que reconocer es que hay un temor dentro de ti al que no quieres enfrentar, y eso hace la gran diferencia entre el ser irracional del ser racional. Más que ponerle una etiqueta a tu temor es expresar tu temor en una oración. Por ejemplo: “Temo que si no demuestro frialdad, la gente me dirá que soy cobarde”. Como verás, el uso de la primera persona singular (yo, mí, me, conmigo es clave aquí, porque ese temor es, precisamente, mío y de nadie más.

Una vez que tengo enunciado o definido cuál es mi temor, analizar su racionalidad, que es lo mismo que meterle lógica; pero no usar la lógica que la sociedad espera de mí, sino la lógica del sentido común. Volvamos al “si no demuestro frialdad, la sociedad dirá que soy débil”. La mejor forma de entender la lógica de las cosas es cuestionándolas, y la ciencia nos enseña que todo es cuestionable, si no, no llegamos a ninguna parte.

En el caso del temor que he tomado como ejemplo, las preguntas de cajón son: ¿A qué llamo “frialdad”? ¿Por qué tengo que demostrar “frialdad”? ¿Las personas frías son necesariamente las más fuertes? ¿Qué ingerencia tiene la sociedad en mi vida? ¿Cuántas veces me dejo llevar por la sociedad para adoptar posturas o tomar mis decisiones? ¿Qué calificación ética, moral o legal tiene la sociedad para juzgarme?

Ésas solo para comenzar, y ahí mínimo tienes para una hora de meditación. Sí, mucho tiempo pero vale la pena tomárselo. Consejo: si tus respuestas a esas preguntas son del tipo “porque sí” o “porque no”, lamento decirte que te has quedado en una edad afectiva inferior a los seis o siete años en términos cronológicos. Visita al psicólogo o al psiquiatra, o a ambos, ¡urgente!

Para quienes sí van a hacer su tarea, les adelanto que les van a aparecer un montón de razones desde las más simples hasta las más inimaginables. Si eso te pasa, vas por buen camino. No es pérdida de tiempo si las escribes todas, o al menos las más importantes o las que te den más vuelta en la cabeza, y revisarlas nuevamente bajo el mismo cuestionario.

Es probable que a alguno, solo a la primera pregunta le salga una respuesta del tipo “frialdad significa no expresar emociones”. Aquí hay otras preguntas adicionales que tienen que aparecer: ¿Qué es una emoción? ¿Qué emociones sí se deben expresar y qué no? ¿Qué pasa si expreso las emociones que creo no debo expresar? ¿Soy valiente como para hacer el experimento de expresar las emociones que no quiero expresar a ver qué pasa?

Como te darás cuenta, la clave es cuestionar y cuestionar hasta quedarte con unidades mínimas o razones mínimas que me permitan entender por qué ese temor está incrustado en mí y no fluye.

Dale pasaje de ida sin retorno

Usualmente ocurre que cuando racionalizamos el temor, le vamos quitando los alfileres que lo mantienen pegado a nuestro interior. Y suele pasar que el temor es como un globo de aire caliente: una vez que los lastres son deshechos, se va y tiene que dejársele ir. A dónde irá? No importa. Lo que importa es asegurarnos no se vuelva a anclar en nosotros.

Si a pesar de este ejercicio de racionalización, el temor continúa anclado, es probable que haya que conversarlo con un amigo que sea mucho más racional que nosotros, un consejero con reconocido equilibrio, o un profesional de salud mental (psicólogo o psiquiatra) que aborde el asunto desde una perspectiva puramente clínica. Tomar alcohol, escuchar música que nos recuerde al temor (sea del género que sea), llenarse de trabajo a ver si así se alivia, y menos, agarrársela a golpes con las personas que decimos amar, no son salidas saludables. De hecho, no son salidas. Punto. (Cfr. https://tinyurl.com/rxcmmsv )

¿Y hacer ejercicio, funciona? Ayuda mucho pero no lo resuelve en su totalidad. No basta con que intuyamos tener un temor allí dentro; tenemos, como dije, que definirlo en palabras y atacarlo con razones.

Entonces, una vez que estos dos enormes pasos son dados, comenzar el proceso de sanación que solo se dará en nuestro interior. Aunque el amigo, el consejero, el psicólogo o el psiquiatra nos acompañen, solo nos indicarán o sugerirán cursos de acción, pero quienes finalmente decidimos si los tomamos, o no, somos nosotros. Si sales con tonterías como “ella no me deja”, “mis papás no quieren” o “mi perrito se molesta”, no estás sanando sino que, a pesar de tener las herramientas para hacerlo, tu decisión será enfermar más.

Se pueden evitar las recaídas

Y ojo, sanar es un asunto de verdaderos valientes porque puede que aparezcan razones que nos dinamiten las bases de lo que siempre hemos creído, como siempre nos hemos visto, o que prueben que los sitios que creíamos seguros (“zonas de confort” o zonas cómodas) no lo son. No dejemos que el miedo nos produzca más miedo aún; al contrario: cuando el miedo se quiera defender creando más miedo, cuestionémoslo con mayor fuerza.

El miedo es miedo porque le damos de comer, parasita en nuestro ser; entonces, cuando le quitamos su fuente de alimento, o muere, o se va fluyendo buscando otro ser al que pueda atormentar. Como dije, es un proceso que demanda valentía, tiempo, humildad, silencio y estrategia.

Claro que esta columna da solo pinceladas de todo el tratamiento que puedes hacer, y en todo caso si deseas iniciar un combate más intensivo, podemos entrar en contacto y ver tu caso en particular desde este enfoque. Incluso podemos hacer algo en grupo, puesto que, al menos en mi experiencia, resulta que el mismo temor con muy pocas variantes suele atacar a una gran cantidad de varones.

Lo que sí debes tener claro es que tu temor es tu responsabilidad, no la de tu pareja, no la de tus hijos o hijas, no la de tus papás o mamás. Es tuya, así que de ti depende derrotarlo, pero derrotarlo dentro de ti sin producirte un daño ni dañar a nadie más. Y también debes ser consciente que si no afrontas tu miedo, va a dañarte y dañar a quienes dices querer.

Ah, y por supuesto, si alguien lee esto y cree que “Nelson ya quemó”, lamento decirle que no, no “quemé”; creo que el “quemado” eres tú. Me disculpas, pero las cosas por su nombre. Decide si quieres curar tus quemaduras o si quieres reducirte a cenizas, pero no le destruyas la vida a nadie más, porque si lo haces, nos olvidamos del sentido de empatía contigo y no nos dejarás más camino que someterte al peso de la ley… aunque la formación sadomasoquista de varios policías sea otro de nuestros obstáculos, o haya fiscales o jueces que estén peor de la cabeza que los propios victimarios. Que también les caiga. ¡Mejor Año Nuevo!

nelson pc columnista

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