El difícil camino que le espera a Pedro Pablo Kuczynski como presidente

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ERP. Condescender con Fuerza Popular y realizar un gobierno a la medida y conveniencia de los fujimoristas; o desafiar la estructura actual y lograr realizar el mejor gobierno como lo ha ofrecido, son las opciones del ganador de la segunda vuelta electoral. Lo cierto que entre el buen deseo y la posibilidad existen un trecho enorme que deberá superar don Pedro Pablo Kuczynski, cuando asuma el mando del país el próximo 28 de julio.

Para el abogado Francisco Córdova considera que “…que será un gobierno eficiente, aunque favorable al gran capital. No obstante, dará mucho peso a la infraestructura y servicios básicos como una forma de lucha contra la pobreza”.

Un primer escollo y previsible por el momento, es la crispación permanente que se dará en el Parlamento, donde la mayoría es de Fuerza Popular, lograda por la aplicación de leyes que afectan las minorías y no por la expresión popular que debe definir quienes los representan; un cambio en esta relación será difícil, con un grupo que ha logrado hegemonía en esas condiciones.

Existen leyes que se requieren para gobernar y que regularmente parten del Ejecutivo. Lo que queda cierto es que no existe la mayoría para sus aprobaciones y todo queda en el factor de negociación. La pregunta sencilla es si los fujimoristas tienen la voluntad de tender puentes y ponerse de acuerdo en los asuntos importantes del país. Todo depende de la madurez de su bancada y la pertinencia en lo que deben aprobar.

Como expresa la comunicadora social Sonia Vidalón, “… los primeros meses serán muy complicados, más aún si consideramos el discurso de Keiko Fujimori, quien ha dicho claramente que será oposición y no ha dado visos de concertación. Si logra salvar este gran obstáculo, creo que podrá gobernar sin mayor problema, pero no debe olvidar que hay temas pendientes con el sur y compromisos asumidos durante la campaña”.

Estos puentes estarán en relación a las expectativas de futuro de Fuerza Popular. Si bien es cierto que Keiko Fujimori ha perdido por segunda vez, también es verdad que podría tentar su tercera oportunidad en las próximas elecciones generales. Eso significa no ser gobiernista a totalidad y mantener un mínimo de oposición que le permita acumular políticamente sectores que por ahora le han sido esquivos.

Obviamente, tampoco se trata de ser recalcitrante; los fujimoristas igualmente tendrían dos opciones. Primero la necesidad de una mayor acumulación y segundo la posibilidad de mantener una legitimidad social, que siempre obliga a mantenerse en la oposición. En el equilibrio de estas dos corrientes deberá marchar este grupo que tiene como misión primera definir con claridad sus niveles de liderazgo y coordinación.

En un juego aún no resuelto, se encuentra la bancada del Frente Amplio, la cual ha expresado claramente que serán oposición. Pese a haber sido importante en el triunfo de Pedro Pablo Kuczynski, todo hace deducir que no tienen la intención de ser proclives a las acciones de gobierno que realice el ejecutivo y es probable que encuentren siempre equívocos y decisiones políticas que les permita mantenerse lejos.

Esto podría acarrear una deslegitimación para futuras elecciones, considerando que su inclinación por Pedro Pablo Kuczynski es su responsabilidad, y aunque no hayan acuerdos entre ellos, existe un entendimiento tácito cuyos consecuentes es improbable de pronosticarlo, sobre todo por la situación tan sui generis del desenlace electoral. No puedes ser un crítico ácido, de aquello que ayudaron a elegir.

Para el Presidente electo, la mejor forma de gobernar es abrir el abanico para que haya la participación de profesionales y políticos de procedencia diversa y que gocen de merecimientos propios. Sería más o menos, un gobierno a lo Valentín Paniagua, el cual estuvo conformado por personalidades de buen nivel.

La decisión será importante para conocer el camino que seguirá el Presidente Kuczynski.