La censura de Ana Jara Velásquez y la necesidad de un cambio

Editorial
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Ollanta Humala opacoERP. La presidenta del Consejo de Ministros, abogada Ana Jara Velásquez, fue censurada por el Congreso de la República. Esta acción incrementó la precariedad del gobierno de Ollanta Humala, quien se encuentra obligado a reestructurar el gabinete y éste a su vez presentarse en un plazo máximo de 30 días de la designación. El voto de confianza es fundamental para la continuidad del premierato y de los nuevos ministros en general. 

El caso político no es común; sin embargo, la Constitución Política considera la figura jurídica y las implicancias de una censura. Igualmente, precisa que en caso de dos censuras, el Congreso se disuelve y la presidencia de la República convoca a elecciones parlamentarias para elegir a los congresistas que culminen el mandato.

En un primer aspecto, debe considerarse que el voto de censura es totalmente constitucional y una herramienta política frente a la falta de consensos. Lamentablemente, el gobierno de Ollanta Humala, no supo crear la estabilidad para su gobierno y en su viraje hacia la derecha, fue dejando fuera de su grupo a parlamentarios que constituyeron su base política e incluso social.

Renuncia tras renuncia, el Partido Nacionalista se fue resquebrajando y dependiendo más de las fuerzas aliadas; quienes al retirar el apoyo, simplemente inflaron la cantidad de parlamentarios opositores. En estas deserciones se fueron los mejores cuadros del nacionalismo, que en estos momentos hubieran sido importantes para el equilibrio que requiere el Congreso de la República.

Ollanta Humala, con lo sucedido repite la falta de claridad para liderar, primero el Gobierno y segundo el mismo Partido Nacionalista. Respecto al Gobierno sus acciones se han visto empañadas por las intromisiones de la esposa y de la presencia de ministros adláteres de ella. En el Partido Nacionalista, se ha negado la posibilidad de crear democracia interna que permita una mayor fortaleza.

Tras la censura de Ana Jara, el presidente de la República tiene la oportunidad de entender la crisis política y elevarse sobre ella y adoptar la mejor decisión para la composición de su gabinete. Echar la culpa a otros de lo sucedido, es de torpes y obtusos para leer el momento político. Un gabinete con alta credibilidad es la mejor garantía para culminar el mandato de Ollanta.

La disolución del Congreso y nuevas elecciones, perjudica al Gobierno y a la misma oposición. La crisis sería impredecible. En nuevas elecciones, el más perjudicado sería el Gobierno que perdería parlamentarios y ganarían Fuerza Popular y el APRA, fuerzas que han crecido en el último lustro.

Frente a la crisis presentada, Ollanta Humala puede escoger el camino de la asertividad o de la torpeza. Su línea de acción durante su Gobierno no ha sido la más inteligente posible; si requiere salir airoso, está en sus manos decidir lo más conveniente para el país.

Lamentablemente, sus declaraciones posteriores a la censura, han sido desafortunadas, echando la culpa a los otros y no reconociendo las propias. Si sigue por esa vía, seguirá perdiendo la oportunidad de un lograr un consenso nacional, que permita una alternancia de gobierno normal.