El fantasmita bueno que comenzará a rondar en Malingas

Nelson Peñaherrera
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ERP/Nelson Peñaherrera Castillo. La primera persona que nos recibiía y la última que nos despedía, sea cuando iba a trabajar o íbamos de asignación de campo a Malingas, era Tilico. Ahora mismo he olvidado por qué le decían así pero sí sé que una vez nos contó la historia del sobrenombre con su clásico sentido del humor. Y es que se nos fue para siempre, este viernes 1, el cuerpo de Manuel Román Balarezo, Tilico.

Se nos fue el cuerpo porque nos deja el legado, la huella de su obra. Fue dirigente campesino y uno de los líderes más visibles de la lucha que emprendió Tambogrande contra la Minera Manhattan entre 1999 a 2005, lucha por la que incluso fue acusado penalmente de algo parecido a sedición, pero del que fue eventualmente absuelto porque las pruebas aportadas por sus acusadores eran más gaseosas que promesa de político.

Antes que construyeran el paradero de autos en Malingas, los carros que hacían el colectivo desde Tambogrande se estacionaban justo en su casa, así que saludarlo era de ley; lo mismo cuando uno regresaba a casa, decirle 'hasta luego' era de ley también.

Tilico fue para mí un amigo y maestro. Se tomó un par de horas hace ya dieciocho años para explicarme desde su hondo saber y simple lenguaje, todo el contexto de la lucha antiminera de Tambogrande, una cruzada que nunca fue un esfuerzo de empoderamiento partidario (como la de cierta huelga que ahora vivimos) sino de reconocimiento comunal. Claro que luego el tema terminó creando un partido político, agro Sí, pero que en sus inicios buscaba ser un freno formal a una falta de visión desde Lima, la que era caldeada por el interés de algunos empresarios que llegaron mintiendo y se fueron sin un centavo en el bolsillo... por mentirosos.

Como la mayoría de los agricultores veteranos de San Lorenzo, él llegó como un colono dispuesto a transformar un viejo pedazo de bosque seco en una de las áreas más productivas del Perú.

Cultivaba mangos y limones, y explicaba con orgullo cómo la fruta de su parcela, ubicada en la parte occidental de Malingas (o Malingas Bajo) viajaba tan lejos como los Estados Unidos.

Me parece que él también llegó a salir fuera del país a contar la experiencia épica de ese distrito. Pero si no salió en cuerpo, sus opiniones aparecían en artículos, reportajes y documentales, algunos de los que tuve el privilegio de producir o apoyar en la producción.

Fue Tilico uno de los propulsores del proyecto de poner a Malingas en el mapa en 2009, por el que FACTORTIERRA.NET obtuvo el primer Premio Nacional de Ciudadanía Ambiental que hubiera conseguido cualquier persona u organización en todo el departamento de Piura, dos años después. Parte de sus saberes hoy están contenidos en www.factortierra.net/malingas/

A veces, las avenidas veraniegas de la quebrada de San Francisco le comían parte de la parcela, pero Tilico nunca perdía la alegría y recuperaba los bríos para seguir produciendo, incluso cuando la enfermedad lo privó de uno de sus pies.

Amigo inseparable de Fernando Carrasco,Francisco Ojeda y en especial de Godofredo García, Tilico jamás se reunió con ellos para conspirar contra el progreso porque ¡ellos eran el progreso!

el modelo agroexportador del que eran parte fue forjado y reforzado por ellos, así que uno podía llegar hablándole de tecnicismos, pero el empirismo que se transformó en ciencia lo hicieron ellos, entonces nadie podía contarles cuentos.

Dicen que las almas de quienes no terminaron de hacer todo lo que tenían planificado comienzan a deambular una vez que abandonan sus cuerpos, así que presumo que el fantasma de Tilico rondará por los campos de Malingas por mucho tiempo; pero no será un espectro que dé terror: sospecho que un eventual encuentro con él será grato porque será un fantasmita divertido, honesto, laborioso, noble, entregado, amoroso. Así que, si alguna vez me ven hablando solo por los campos malingueños, no es que haya perdido el juicio; capaz estoy tratando de contactar con esa alegre entidad que nos acompañará de cerca para asegurarse que trabajemos en favor de su pueblo.

Y capaz que esa entidad podría llegar a saludarme con un efusivo "¡qué tal Nelson!", como solía hacerlo.

Tilico Román es, pues, una de esas personalidades por las que no provoca decir "que en paz descanse" sino que "su recuerdo nunca se olvide y se emule", y esa alma, les apuesto, seguirá en servicio activo.

(Opina al autor. síguelo en Twitter como @Nelsonsullana)