El cielo nos está dando una nueva oportunidad

Nelson Peñaherrera
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ERP/Nelson Peñaherrera Castillo. Mientras seguíamos información sobre el periodo lluvioso, leí en Facebook el estado escrito a la primera -a juzgar por los errores de mecanografiado- de un aspirante a alcalde provincial de Sullana, quien reclamaba que la reconstrucción una vez acabadas las lluvias debe ser una suerte de monopolio local para evitar la corrupción. Me causó gracia porque no depende del gentilicio sino de la actitud.

Corrupción hay en todas partes al margen de dónde hayas nacido o dónde vivas. Lo que la fortalece no es de dónde vienes sino cuán poco, o nada, haces para enfrentarla.

Sin embargo, es una variable que debemos tener muy en cuenta cuando el proceso se diseñe, se ejecute y se supervise, porque la reconstrucción de Piura no es el festín de millones que le caerá a las constructoras o servirá para pagar los cupos de Destrucción Civil, menos aún será la caja chica de ciertos funcionarios y ciertas autoridades que ya tienen dinero en mano pero no tienen ni la más remota idea de cómo ejecutarlo. Bueno, hasta que los ejecuten vía vacancia o revocatoria o acción penal. Sigamos.

Pienso que la reconstrucción de todo el departamento de Piura debe ser un sueño a ojos abiertos, bolsillos medidos y ciencia en primer plano.

Por cruel que parezca, la Naturaleza nos da una nueva oportunidad para plantear bien las cosas considerando una voz que nunca escuchamos: su voz. Y su voz ha sido tan potente como los truenos, tan feroz como los rayos, tan imponente como sus nubes, tan vistosa como sus relámpagos y tan implacable como sus lluvias.

La Naturaleza nos ha dicho de mala manera que no estuvo bien como hemos planteado nuestro crecimiento urbano, nuestra administración de recursos naturales (especialmente el agua), nuestra actitud como personas y como ciudadanía. Y nos guste o no, la Naturaleza está por encima del designio humano ya que el ser humano es solo uno de sus componentes. No estamos por encima de la Naturaleza.

Pero la Naturaleza también nos está dando una ventana: echar a volar nuestra creatividad para tener espacios habitables dignos y seguros, un sistema de producción inteligente y una administración transparente. Si estamos dispuestos y dispuestas a colaborar con ella, será la propia Naturaleza la que nos seguirá proveyendo de lo que necesitamos; si no, las fatídicas postales de estos días van a repetirse una y otra, y otra, y otra vez.

Es el momento para visionarios y visionarias, entendiéndoles como las personas que son capaces de adelantarse a su tiempo para resolver problemáticas comunes y hacer más eficientes los procesos actuales. Y no es chamba exclusiva de los ingenieros civiles sino de toda la ciudadanía -yo diría que también de quienes van a ser ciudadanía- con buenas ideas, con ideas viables, con ideas que marquen una época.

En este sentido, el rediseño de las ciudades y las vías (y medios) de comunicación son los primeros espacios en los que debemos trabajar, porque concentran la mayor parte de la población y permiten su flujo en el espacio. Por supuesto no se debe descuidar la realidad del campo para que se articule con estos dos primeros componentes de tal modo que la especulación quede fuera de combate. Así aseguramos vivienda, conectividad y alimento.

Sobre la ejecución de presupuestos que van a generarse, la única forma de evitar la corrupción es cambiando nuestro 'chip': dejar de espectar y pasar a fiscalizar con herramientas y medios al alcance de nuestros dedos. Será necesario activar todas las estrategias de vigilancia y control ciudadano manteniéndolas al margen de la gestión pública pero con los seis sentidos (incluyo la intuición) puestos las 24 horas sobre la gestión pública. También tendremos que activar la vigilancia social sobre el sector privado para evitar engendros estilo Odebrecht.

Quien quiera restarse, lo sentimos, no tiene derecho a llamarnos la atención; se trata de una tarea conjunta porque la reconstrucción nos toca a todos y todas.
Y para evitar soñar románticamente y dilapidar el dinero, la ciencia ya tiene un paquete de conocimientos y experiencias que nos permitirán pasar de lo abstracto a lo concreto, de que la casa resista, de que la pista o la carretera no se hunda o se cuartee ni se interrumpa, de que el abastecimiento de mercados y supermercados se mantenga en los niveles normales, de que tengamos rutas alternas si nos falla la principal, de capturar el exceso de agua para las épocas que escasee, y -por qué no- hasta de acumular la energía eléctrica del cielo.

No es magia, ni es un sueño inútil: la ciencia tiene respuestas y lo que debemos es privilegiar a nuestra comunidad del conocimiento por encima de la comunidad política, que, desafortunadamente, sigue viendo las cosas con enfoque de poder o imagen, pero no de servicio.

La reconstrucción es, pues, una oportunidad en la medida en que todo el mundo se involucre. Y cuando hablo de todo el mundo es todo el mundo.

Si Piura fuera una megapotencia política, científica y ciudadana, quizás podríamos pecar de soberbia. Pero la realidad es que no lo somos, así que nos debemos llenar de humildad y tener apertura a todas las partes que quieran darnos una mano sin importar de dónde venga, aunque sí estando alertas de sus motivaciones.

Dicen los pronósticos que queda una semana de lluvias fuertes y cinco más de moderadas a débiles. No esperemos a que el cielo se seque. Pensemos desde ya en la reconstrucción.

(Opina al autor. Síguelo en Twitter como @nelsonsullana)

Fotos: Javier Velasco y Micky Martínez.

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