El Regional de Piura:
Talara. Este titular trae un comentario por lo inverosímil de
acciones que ocurren en la “Capital petrolera del Perú”, que no tienen
la suerte de merecer la atención de las autoridades que despachan
justicia. Resulta raro de toda rareza que en este pedazo de suelo
patrio, establecer o hacer justicia constituye una quimera o tal vez,
una utopía.
En todos los campos del quehacer humano se producen actos contrarios a
la legalidad. En esta provincia, no se tiene fácilmente la suerte de
sentir el fragor de satisfacer la exigencia ciudadana, conociendo que
ésta va premunida de sentido legal.
Los peruanos sentimos un desconcierto al percibir cómo en aras de
mejorar la calidad de la justicia, se promulga el Nuevo Código del
Proceso Penal. Con este aporte cambiaremos de modo profundo los
procedimientos, convirtiéndoles en verdaderas respuesta; la justicia
dejará de ser lenta, improductiva, punitiva…así se dijo.
Pero examinando lo dicho con el trecho, lamentamos sentirnos defraudados
al comprobar que no era suficiente fabricar leyes, sin antes examinar si
profesionalmente los jueces y fiscales que están en la vitrina, tienen
competencia para ser los intérpretes y actores principales de estos
cambios.
Estos desencuentros entre la aplicación de leyes por motivadoras e
innovadoras que fueren con el sistema de los hombres operadores de los
mecanismos, rompen el esquema traduciendo resultados inoperantes,
siempre generarán una lectura decepcionante. Las nuevas leyes no serán
aplicables si no tenemos la mínima precaución de observar si es frondoso
el bosque de los protagonistas.
Con todos estos avances y facilidades que se les concede a los hombres
de la justicia, aquella sigue siendo la misma de siempre. El nivel de la
queja no ha descendido, la luz del día que brilla mejor, certifica en
los día a día nuevos escándalos propiciados por jueces y fiscales
prevaricadores que venden y negocian al mejor postor los irreversibles
valores de la justicia.
Ocurre por ejemplo, en la ciudad de Talara, conocida ahora como “La
tierra de nadie” ya que por donde se ponga el dedo brotará la pus. Los
jefes de bandas gansteriles ingresan hoy y salen mañana. Concretamente,
en la Municipalidad Provincial de Talara se viene apreciando una
tenebrosa corrupción. La malversación de los recursos naturales corre a
la orden del día a día.
El economista y regidor del gobierno municipal de Talara Lincolth
Talledo Benites, se ha cansado de interponer denuncias ante las
fiscalías y la Policía Nacional de Prevención del Delito. Como siguen
prevaleciendo los mismos mecanismos, tráficos, dilaciones; esas
denuncias son escamoteadas, demostrando sus ejecutores el rostro
burlesco que grafica que la deficiencia de la justicia sigue invicta y
coleando.
Se ha demostrado o denunciado con pruebas jurídicas al canto, como para
la adjudicación de obras municipales, que no se dudó para falsificar
firmas y sellos de autoridades de las Universidades de Piura. Para
lograr los objetivos delincuenciales, que pueden sancionarse en
cualquier jurisdicción del país, menos en Talara, se elaboraron en los “Azangaritos”.
Certificados de estudios de suelos y estudios ambientales; y también se
ha adulterado documentación bancaria como cartas de garantía. Todas
estas denuncias premunidas de las exigencias legales, operan en las
Fiscalías de Talara donde con toda flagrancia y groseramente son
desatendidas.
El corolario de estos procedimientos que desdicen todos los esfuerzos
por dotar a la justicia peruana de su eficacia, virtud y pragmatismo;
establece la seguridad que los magistrados de Talara nunca estuvieron al
nivel profesional del gran cambio o en su defecto, viven genuflexos a un
sistema perverso y aliado de doña poderosa corrupción. |