El Regional de Piura:
17 de junio del 2009
Piura. El Premier, en representación del Ejecutivo viene
realizando negociaciones y acercamientos con el movimiento indígena. Se
ha suscrito el primer documento y en él se acepta la derogatoria de los
decretos legislativos dados sin la aquiescencia de las etnias
amazónicas, tal como lo dispone el derecho internacional.
Este viraje que es diferente a lo que la triple alianza adoptó en las
semanas previas, pone en el tapete la consecuencia de las decisiones
gubernamentales. Haber aceptado la derogatoria antes del 05 de junio,
hubiera implicado mantener con vida a muchos peruanos que ahora son los
íconos cruentos para un gobierno que actuó con soberbia e intolerancia.
El Ejecutivo reconoce ahora que esas normas deben derogarse, las
defendió antes pese a la calificación de inconstitucionales. El
Parlamento y la triple alianza evadieron en todo momento su
responsabilidad y pese a la solidez de los fundamentos para su
derogatoria, primero se sustrajeron para no tratar el tema y después
ante el innecesario derramamiento de sangre suspenderlas
indefinidamente.
Yehude Simon, quien desaprovechó su oportunidad de convertirse en un
líder de connotación nacional, se apristizó en su conducta y ha
cosechado un desgaste político, que quizá pudo ser diferente. Ligero en
sus declaraciones, subjetivo y acusador, no entendió que la salida era
ser permeable al diálogo y no la confrontación.
Su participación y diálogo en los últimos días, incluidos los acuerdos
con los indígenas lo ha precarizado mucho más. Si antes los
nacionalistas solicitaron su renuncia por faltarle legitimidad social,
ahora los aliados de la agrupación a la cual representa, están pidiendo
lo mismo. Pero los argumentos son diferentes, los primeros por
encontrarlo responsable político de la matanza del 05 de junio, los
segundos por representar a un gobierno que marcha a la deriva.
Y evidentemente, el Ejecutivo no solo marcha a la deriva, se ha
convertido en autoritario y su presidente desubicado. Las expresiones de
García Pérez, lo han mostrado tan elemental y poco sólido para entender
que el Perú no es Lima y que existen territorios alejados con
poblaciones singulares, que también se consideran peruanos, tan peruanos
como aquellos que García considera de primera clase.
Abrir surcos para crear un consenso nacional, lejos de la lucha
fratricida que tanto nos perjudicó en el pasado, es la responsabilidad
de un presidente de la República. De un presidente que no se alegre por
la ola mundial de crecimiento y por los guarismos circunstanciales de
nuestra economía, sino que se fortalezca en la unidad de los peruanos
que sienten, viven y promueven el desarrollo en condiciones de igualdad
y equidad.
Con el presidente deben concordar sus ministros y funcionarios. Yehude
precarizado ahora y buscando quizá subsanar sus equívocos, llegó al
gobierno después de la caída de un gabinete que fue acusado de
corrupción. enarboló banderas sin resultado alguno. Al contrario, los
conflictos han llevado a una inmanejable situación que ya no está en sus
manos corregir.
En tal sentido, se requiere pronto interlocutores válidos del gobierno
para dialogar, no solo con los nativos, para dialogar con todo los
peruanos, de costa, sierra y selva, cuyos problemas siguen siendo tan
irresolutos y la lejanía del Estado tan evidente, que exigen una nueva
forma de gobernar.
La toma de carreteras, los paros, las marchas, son instrumentos que usan
los movimientos sociales para cambiar una realidad. Pero, está en manos
del gobierno antelarse a los conflictos para evitarlos. Hoy se está
dando énfasis a un conflicto que fue cruento, pero a diario se reiteran
otros de naturaleza diferente que son obviados, desconocidos o
tratados con enfoques diferentes.
Hoy solo debe esperarse que este gobierno culmine su mandato, y lo haga
en paz social y no nos remita a ese Perú convulso de fines de los 80 que
nos dejó como presidente a Fujimori con todos sus males posteriores. |